Hotel

Este es un trabajo realizado con fines académicos.


NOSTALGIA EN 5 SENTIDOS

La nostalgia es un sentimiento que nos puede invadir en muchos sentidos, 5 para ser exactos. 

No los invitamos a leer lo que hay a continuación. Los invitamos a que sientan, escuchen, reconozcan y recuerden todas esas cosas que merecen salir a la luz. Sean bienvenidos a un recorrido que empieza por el Gusto y el Olfato, que incluye tres maneras distintas de sentirlos. 

El mundo de la Audición nos enseña cómo la ciencia y la música sanan personas y cómo los sonidos pueden generar una marca en nuestra vida. 

Un barrido visual por lugares icónicos, nunca está demás. Una serie de elementos que te harán querer volver a los lugares a los que alguna vez fuiste. 

Y por último, siempre hay experiencias de piel que pueden ser más fuertes que un tatuaje. Recuerdos tan vívidos que casi se pueden tocar. 

Nostalgia en 5 sentidos.


Gusto y olfato

Memoria auditiva: Explora tus recuerdos

La memoria emocional incluye la retina afectiva, el recuerdo de los afectos y de los sentidos. En la memoria sensorial se almacenan imágenes, olores, sonidos los cuales nos transportan a los sentimientos mejores guardados. Explora tu retina y agudiza tu oído para transportarte a los recuerdos chilenos. 

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El recuerdo: pan de cada día

Las sensaciones no se olvidan, los recuerdos pueden aparecer de cualquier forma, como un aroma, un sabor, una textura. La cocina puede despertar nuestro interior, sacar a la luz aquellos recuerdos que tal vez no sabíamos que teníamos. Quizá la nostalgia es algo que no queremos avivar, pero cuando se cocina disfrutando es posible abrazar el recuerdo. Por esto, entrevistamos Luis “Cucho” Cubillos, conocido chef de la televisión chilena, para que comparta con nosotros las memorias de la cocina.

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Parte de nuestras raíces

Todos tenemos ciertas sensaciones, aromas, sabores o lugares que nos remontan a nuestro pasado, por eso hoy queremos mostrarte los recuerdos que surgen en nuestro subconsciente, a partir de estos exquisitos platos que no pueden faltar en los hogares de cada familia chilena.


Audición

La música evocadora de recuerdos

Recuerdos expresados en un olor, sensación, visualización, gusto o auditivamente, son relacionados con la música. Viajar en el tiempo, a través de la melodía que encuentra memorias en los lugares más recónditos del cerebro, según expertos, es una gran ayuda para llevar una adecuada salud mental.

Desde que nacemos y a lo largo del desarrollo de toda nuestra vida, generamos recuerdos. Cuando nos pasa algo extremadamente bueno o algo sumamente malo; las vacaciones, nuestro primer beso, entre tantos otros recuerdos que significan pena y alegría, son aquellos que rememoramos a lo largo de nuestros días.

Existen muchos sentidos que nos ayudan a recordar de una manera formidable; una persona o un lugar se nos puede venir a la mente al sentir un olor en particular; una fotografía nos puede ayudar a recordar qué pasó en un día que probablemente habíamos olvidado; quizás un sonido específico nos ayudó a poder activar esa memoria sensitiva que evoca recuerdos olvidados.

Con la música pasa algo muy similar, pues logra recoger la mayoría de estas sensaciones. Al escuchar una canción determinada, esta puede lograr evocar tristeza, miedo, alegría, sorpresa, entre tantas otras emociones.

De acuerdo con la visión de Pablo Salinas, Neurólogo de la Universidad de Chile, los estudios en su área han demostrado una relación robusta entre los sonidos y los cambios bioquímicos que se desencadenan en el cerebro: “La evidencia ha demostrado que precisamente la evocación de recuerdos puede mejorar a través de distintos estímulos sensoriales,  esto ya es conocido para el olfato, ya que neuro-anatómicamente, la percepción del olfato está directamente conectada con la estructura hipo-campales que almacena los recuerdos episódicos”.

Se ha visto en los últimos años que esto también es válido para el estímulo auditivo y ahí es donde una persona reacciona a un estímulo inicial, que es el sonido, y su construcción en otras áreas, que, precisamente son de los lóbulos temporales, que es el óvulo principalmente afectado en la enfermedad del Alzheimer.

Esta construcción ocurre en las áreas de asociación en donde se integran conceptos, emociones y precisamente también, los recuerdos.

Existen determinadas canciones, dependiendo de cada persona, que tienen el poder de transportarnos al pasado, o bien a alguna sensación en específico. Cuando comienza a sonar una canción, dependiendo de su tono, tempo o letra, tiene la capacidad de sumergirnos en su propio estado de ánimo.

Si es una canción antigua o que sonaba cuando éramos niños, nuestro cerebro desata una serie de emociones y pensamientos que nos transportan a un recuerdo concreto, y así sucesivamente.

Nicolás Espinoza, Máster en musicoterapia de la Universidad de Illinois habla de qué es la musicoterapia relatando qué es lo que pasa con estas terapias en los pacientes que sufren algún tipo de demencia.

¿Qué debe tener un músico terapeuta? “Un músico terapeuta debe tener un entrenamiento específico, eso implica horas clínicas, tiene que ser una terapia individualizada, eso significa que responde a una evaluación y un desarrollo de objetivos, un tratamiento y una actualización de la evaluación” Nicolás Espinoza, musicoterapeuta de la Universidad de Illinois.

Tal como cuenta Nicolás Espinoza, la musicoterapia es una disciplina antigua en otros países, pero considerada como emergente en Chile. En ella se recorren desde procesos de improvisación y recreación, hasta experiencias de composición y escucha para fortalecer las capacidades de quienes se someten a ella. En Chile se ha utilizado para la enseñanza en niños y el tratamiento contra el Alzheimer en adultos mayores.

En la revista académica de neurociencias “Cerebral Cortex” precisan el cómo en áreas cerebrales relacionadas con el almacenamiento y la recuperación de recuerdos, las neuronas trabajan como el centro de conexión entre una melodía conocida, la emoción y la memoria.

En contextos actuales, en donde la mayoría de las personas se encuentra realizando períodos de cuarentena preventiva por la propagación del coronavirus, el realizar tareas recreativas como el deporte, leer o escuchar música, se hacen fundamentales para sobrellevar una adecuada salud mental. Esta última actividad, según los expertos, resulta ser necesaria para nivelación química del cuerpo.

Mauricio Jürgensen, periodista experto en música, explica desde su propia experiencia la capacidad evocativa que tiene la música en cuanto a los recuerdos.

Tal como le sucede a Jürgensen, a mucha gente revive recuerdos al escuchar una canción o un sonido determinado. Sobre todo, ahora que ya van más de 2 meses en donde la gente lleva viviendo de recuerdos producto del confinamiento, el proceso de memoria musical se acentúa. Para la también periodista experta en música, Martina Orrego, en el presente proceso de cuarentena también se dará una situación familiar. Pese a que actualmente la gente se encuentra reviviendo recuerdos en sus hogares o lugares de confinamiento, la animadora de “los 40” cree que más adelante el proceso volverá a repetirse.

La aparición y la progresión de la demencia pueden alterar el sentido de uno mismo, y la música puede ser una herramienta ideal para aliviar este síntoma angustiante. La música puede ser un espacio de paz para encontrar la calma en los recuerdos, en un espacio donde un recuerdo puede ser la vuelta a la vida, irónicamente un viaje de tiempo que te mantiene vivo en el presente.

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El poder de la música

Todos y todas hemos sentido diferentes emociones a través de la música: tristeza, alegría, sorpresa o miedo. Es un vehículo que nos traslada al centro de nuestras emociones y las transforma. 

“La música permite acceder al pasado, es como una llave que abre esa puerta y que les deja recordar de alguna manera”, comenta Eva Muñoz, Musicoterapeuta, psicóloga y terapeuta familiar de la Fundación Alzheimer España. 


Vista

Gloria y ocaso del Hotel O`Higgins: Analogía de una caída

Recordando momentos del clásico hotel viñamarino.

Por: Franco Gutiérrez Inostroza.

Comenzó su construcción en 1931, pero recién en fue inaugurado en 1936, el Hotel O`Higgins es uno de esos iconos clásicos de Viña del Mar, en donde solo pasar por fuera hace recordar esas épocas ochenteras donde el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, era el rey de los festivales en Latinoamérica.

Sin embargo, este hotel propiedad de la Municipalidad de Viña del Mar, no es el mismo de hace 40 años atrás, sus tiempos de gloria ya pasaron, a Viña del Mar han llegado otros hoteles que le han quitado el trono, por lo que el Hotel O`Higgins ha tenido que buscar nuevos horizontes.

Ya desde febrero que este característico hotel de la quinta región dejó de funcionar como tal, debido al estallido social y a los fuertes destrozos que ocasionaron las manifestaciones en contra del Festival de Viña del Mar en el verano recién pasado. Debido a la inoperancia del hotel que desde abril pasado fue facilitado por la Municipalidad de la ciudad jardín como residencia sanitaria en pos de combatir el COVID-19. Desde un principio, 50 camas recibirán a los pacientes contagiados por coronavirus, para que realicen sus cuarentenas bajo la supervisión de médicos, enfermeras y nutricionistas que serán los nuevos encargados del hotel.

Sin duda el presente de este clásico recinto discrepa mucho con la realidad que vivía en los años ochenta donde era el rey de los veranos festivaleros. De hecho, el Festival de la canción de Viña del Mar fue el nexo que acrecentó la fama del Hotel O`Higgins. Festival que se realiza desde 1960 bajo la creación de Carlos Ansaldo, periodista viñamarino que en ese entonces se desempeñaba como director del Departamento de Turismo y Relaciones Públicas de la Municipalidad de Viña del Mar. Su esposa, Isabel Arestizabal tiene muy claro el momento del “boom” del Hotel O`Higgins gracias a toda la gente que atraía el Festival de Viña en esa época: El hotel se ocupaba en el Festival de la canción porque era municipal y estaba muy bien ubicado cerca de la Quinta Vergara y era el mejor hotel que había en Viña en ese tiempo. No existía otro hotel donde se podía alojar tanta gente, en el verano el hotel se llenaba a tope y era una locura, porque la gente llegaba tempranito en la mañana a esperar a los artistas, lo único que querían era verlos y sacarles autógrafos. Por eso se convirtió en un icono de la actividad festivalera. Después con la elección de la reina que se tiraba a la piscina, eso atraía mucha gente, pero después con la llegada del hotel Miramar el hotel perdió mucho y ya no se llenaba. El hotel era el corazón de la actividad festivalera”.

No hay voz más autorizada que la esposa del hombre que ideó y llevó a cabo el Festival de Viña, el cual se mantiene activo cada año. Isabel fue fiel compañera de Carlos Ansaldo en las entrañables cenas y eventos que se realizaban en el Hotel O`Higgins en marco del Festival, muchas veces fue testigo de imborrables recuerdos como la cercanía de su esposo con Julio Iglesias. Pero también en esos recuerdos surgen anécdotas que no quiso dejar de compartir: “Una vez estaba Sandro en el Hotel O’Higgins porque había venido al Festival y los gitanos se metieron a robar las duchas de cobre. A Sandro tenían que sacarlo en helicóptero del hotel por la embarrada que quedaba afuera”.

Alguien que vivió y fue partícipe del auge del festival y del Hotel O`Higgins fue Sergio Riesenberg, ex director del Festival de Viña del Mar entre los años 1981 y 1990. Periodista, creador de documentales y director de programas de televisión tiene muy a flor de piel los recuerdos del Hotel en época festivalera: “El O`Higgins era el centro del festival, era el corazón. Ahí se quedaban animadores, artistas y directivos, y los que no cabían se iban al hotel Miramar. Yo le tengo un cariño especial al hotel, donde siempre me trataron muy bien”. Por alrededor de 9 años Sergio alojó todos los veranos en el Hotel O`Higgins, compartió con un sin fin de artistas y celebridades, pero aun así el terremoto de 1985 es su recuerdo más vivo: “Yo viví el terremoto del 85 en el Hotel O`Higgins y fue espantoso. Yo iba bajando de una reunión cuando se produjo el terremoto que yo en mi vida no había visto algo más atroz que eso. Se rompían las murallas de mi pieza, explotaban los vidrios, en el ascensor que por el que tenía que bajar se cortó, toda la entrada del hotel hecha pedazos. La verdad no me acuerdo si el hotel se pudo recuperar para el festival del año siguiente porque era un hotel muy antiguo”.

Riesenberg ya alejado hace bastas décadas del Festival sigue relacionado con el mundo del espectáculo, sin embargo, eso no hace esconder su lado más crítico debido a la crisis sanitaria por la que está viviendo Chile y valora la nueva funcionalidad del Hotel O`Higgins: “Me parece estupendo que el hotel se esté usando como residencia sanitaria, lo que estamos viviendo es atroz. Y creo que no solo el Hotel O`Higgins debe hacer esto, también todos los hoteles que están desocupados deberían recibir gente enferma porque la situación es gravísima, además el hotel no se estaba ocupando”.

Una grandísima labor la que está cumpliendo el Hotel O`Higgins como residencia sanitaria en Viña del Mar, sin duda su auge ya pasó, pero puede puede quedar en la memoria de muchos al ayudar a salvar miles de vidas hoy en día. Como dice el periodista de espectáculos Luis Sandoval, Dudo que vuelva a ser un icono, pero sigue siendo un estandarte del Festival de Viña”. Quizás no siga siendo un icono festivalero, pero puede ser un ejemplo e icono de la salud.

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Hotel O’Higgins curiosidades e historia

Hotel Símbolo de la ciudad jardín, es uno de los más antiguos y conocidos de la Región de Valparaíso, sus años no han pasado en vano y sus historias se enriquecen con el pasar del tiempo. Sus paredes reúnen historias y secretos únicos como es el ser punto de hospedaje de reconocidos artistas internacionales que se presentaban en el festival de Viña del Mar.

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Viña a través de los años

Imaginarse cómo era Viña del Mar en el pasado debe ser una de las tantas preguntas que, ahora solo algunos pueden contestar… al igual que en diferentes partes del mundo. Por lo mismo, a continuación presentamos una línea del tiempo, con fotografías emocionantes a la vista, que hacen un nostálgico barrido por la Ciudad Jardín. Una galería llena de nostalgia para recodar y ver el pasado.

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Experiencia de piel (tacto)

Hoteles sanitarios: las otras caras del confinamiento

Uno de los sectores más afectados ha sido el turismo y tras esto, los hoteles debieron reconfigurar sus servicio, convirtiéndose en residencias sanitarias. Con ello, los sentimientos de quienes asisten ahí también son distintos, tanto para el personal de salud, como para quienes se hospedan.

Por: Catalina Pantoja R.

“La primera vez que entré fue una sensación extraña. Observar los comedores, cafeterías, pasillos vacíos, silenciosos y fríos”, relata Catherine Vásquez, enfermera que se encuentra trabajando actualmente en Hotel Eurotel en la comuna de Providencia. Este lugar es uno de los cientos que se han convertido en residencias sanitarias para las personas infectadas con COVID-19.

Catherine se encuentra desempeñando la coordinación de las enfermeras del hotel, lo que no la obliga a mantener un contacto directo con los pacientes, a menos que se requiera. Pero eso no significa que su sentimiento sea menos angustiante que sus colegas, al contrario. La incertidumbre y el miedo son constantes en su día a día, puesto que la posibilidad de contagiarse están siempre presentes.

El Ministerio de Salud confirmó este lunes que para el viernes 5 de junio se elevarán a 10.000 los cupos en las residencias sanitarias. Hasta la fecha, 4 de junio, existen 136 residencias habilitadas a nivel nacional, lo que se traduce en 8.231 habitaciones totales para su uso. La disponibilidad es alta, sin embargo, son solo 2.325 usuarios quienes se encuentran hospedando.

Si bien estas cifras cambian a diario, ya se encuentra instalado en el corazón de este servicio la labor de querer colaborar durante esta pandemia

Catherine trabaja con una compañera más, con quien realizan turnos extensos e intensos de 12 horas diaria. Estos se repiten por tres días seguidos, lo que se traduce en un descanso de la misma cantidad de jornadas. También pueden ser turnos de dos días seguidos,  siguiendo la misma modalidad de días libres que el anterior.

Por seguridad y amor tuvo que tomar distancia con su hija, ya que la pequeña se fue a vivir con sus abuelos mientras esto no vuelva a una normalidad. “Solo en ocasiones puedo verla, mantengo la distancia y ocupo mascarilla en todo momento. Ha sido difícil, la extraño mucho, he llorado, pero sé que es por la seguridad de todos”, se sincera Catherine.

Este caso es solo un lado de la moneda. Existe otra realidad, la del huésped, quien además de encontrarse solo, es positivo en una enfermedad que tiene como registro ser la pandemia más grande de los últimos 100 años, el COVID-19.

Erika Fuenzalida estuvo 20 días confinada en el Hotel Best Western en la comuna Estación Central. Su llegada a la también convertida residencia sanitaria, fue luego de dar positivo en el test PCR, con el objetivo de proteger a su familia. Para una entrevista al medio digital El Desconcierto, contó su experiencia como contagiada y lo que significa estar lejos de su hogar.

La paciente relató que vivió jornadas monótonas, en donde los dolores de cabeza se apoderaban de ella a momentos y la tos la agotaba, sin dejarle ánimos para realizar otras actividades, como ver su celular o su notebook. Y es que tampoco hay muchas actividades más por hacer en una habitación. En todas las residencias sanitarias, la prohibición de salir de sus habitaciones es estricta. En caso de no cumplirse, una alarma le avisa al personal de salud.

El relato de Erika coincide con lo que cuenta Catherine, en donde el contacto del paciente con el personal de salud debe ser mínimo y lleno de protocolos. Se realizan dos controles diarios de signos vitales y si alguien lo requiere, se hace ingreso a la habitación. Otro canal de comunicación que mantienen con el confinado es por teléfono, quienes pueden llamar directamente a la residencia de los médicos y enfermeras si necesitan atención.

A diferencia de ambas mujeres, también están quienes se hospedan en hoteles sanitarios por protocolos preventivos, es decir, sin la necesidad de tener el virus en el cuerpo. Este es el caso de Sebastián Riestra, veterinario y profesor chileno, quien vive en Estados Unidos, y que decidió volver a su país para estar con su familia.

Antes de comenzar su retorno a Chile para llegar a la ciudad de Coyhaique, lugar donde vive sus seres queridos, el académico se informó sobre los protocolos de llegada. Confinar en un hotel sanitario no fue sorpresa para él, ya que se comunicó con la Seremi y le advirtieron sobre esto antes de llegar al país.

Lo que sí fue sorpresa para él fue la alta rigurosidad con la que trabajan para monitorear que las personas no tuviesen el virus. Para llegar al Aeropuerto Arturo Merino Benítez debió pasar por otros dos aeropuertos antes, el de Estados Unidos y en Brasil en donde hizo escala. Sebastián declara que en ninguno de los aeropuertos anteriores tomaron las precauciones necesarias, y que incluso ni siquiera le tomaron la temperatura.

A diferencia de lo anterior, al llegar a Chile se llevaron a cabo una serie de medidas para asegurar que no viniese infectado y que en el trayecto hacia el hotel donde se hospedaría no tuviese contacto con nadie.

El veterinario estuvo confinado 14 días en el Hotel Diego de Velásquez, también ubicado en la comuna de Providencia, lugar en el cual pudo llevar una rutina que lo distrajera de lo que estaba viviendo. Sebastián recalca que esta manera de vivir el encierro fue decidida de manera muy consciente, comprendiendo lo que significaba encontrarse lejos de su familia en un lugar que no es su hogar.

Es por esto, que sus días comenzaban a las 10 de la mañana, levantando su cama contra la pared con el fin de que no le dieran ganas de acostarse. Continuaba con una hora de yoga, para después realizar las clases online para sus alumnos de la universidad. A lo anterior, también se le sumaba sus estudios de inglés que se encuentra cursando, lo que finalmente le mantenía su día ocupado.

“Tenía una rutina súper armada, entonces no tuve tiempo para sentirme mal. Partí del día uno con el esquema que tenía contemplado y de esta manera mantenerme ocupado”, comenta Sebastián.

Es consciente de que cada experiencia personal es distinta a la hora de confinar en un hotel sanitario. Unas pueden ser buenas y otras no, sin embargo, Sebastián reconoce que la suya fue buena y lo quiso plasmar en un comentario positivo para el hotel en el que se hospedó, por medio de su cuenta de Facebook.

Cabe mencionar que los hoteles sanitarios están orientados a personas con COVID-19 confirmado, sin requerimiento de una hospitalización, y que de una forma u otra no cuentan con las condiciones apropiadas en sus domicilios, teniendo que cumplir con  el aislamiento en estos recintos.

Con respecto a lo anterior, todas las personas que llegan de otro país son consideradas posibles casos positivos, por lo que están obligados a respetar este protocolo de seguridad y realizar cuarentena ya sea en sus casas o en los recintos sanitarios dispuestos para quienes lo necesiten.

De esta manera, ¿quiénes pueden ingresar a una residencia sanitaria? Estos establecimientos están dispuestos para las personas que son positivo en COVID-19, o ser sospechosa de alto riesgo por un contacto con un confirmado, o aquellas dadas de alta por el virus que aún requieren de cuidados.

Los usuarios deben ser autovalentes, presentar síntomas leves o ser asintomáticos, con enfermedades crónicas compensadas y con la dificultad de realizar la cuarentena en sus domicilios, ya sea por hacinamiento, ser un riesgo para su grupo familiar o por no tener una red de apoyo.

La pandemia llegó a reconfigurar un sinfín de esquemas de los cuales estábamos acostumbrados. Desde un saludo con un abrazo hasta la costumbre de lavar nuestras manos y caras de manera reiterativa. Muchos trabajos debieron ser modificados, como la acelerada instalación del teletrabajo, como también las pymes y sus productos de venta, quienes debieron implementar nuevos elementos de necesidad actual, con el fin de solventar sus negocios.

Los hoteles también son parte de este grupo de reconfiguración. Debieron pasar de ser el lugar de estadía y placer para miles de personas, a instalarse como lugares que se disponen al servicio de las personas y su seguridad, con el fin de enfrentar de mejor manera la pandemia y cuidar la salud de quienes lo necesiten.

Labores como estas deben ser reconocidas, y Sebastián es claro en demostrar lo agradecido que se siente por la preocupación que hubo en su cuidado y en el de las personas.

*En caso de necesitar trasladarse a una residencia sanitaria en la Región Metropolitana, llamar al número habilitado +56939499589 o enviar un correo a residenciasrm@redsalud.gob.cl.

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Hoteles para el recuerdo

Piezas destruidas, dinero, fantasmas y amoríos. A veces los hoteles son más que un lugar de destino en nuestras vacaciones.

En Chile hay más de 100 hoteles, dentro de los inscritos en Hoteleros de Chile, de los cuales, sin dudas, más de uno ha sido testigo de las más increíbles y anecdóticas historias. mayoría.

A continuación, una recopilación de experiencias que, quedaron para el recuerdo, pero que nadie querría volver a vivir.

Por Noelia Pastor

Puerto Varas del recuerdo

“Le costó 120 lucas a mi papá la gracia del viaje de estudios”, así es como Domingo, parte contando lo que él define como la mejor historia que le ha pasado.

Cuenta que todo comenzó porque él y sus amigos querían comprar copete. “Éramos menores, y súper pavos, entonces nos costaba caleta decidir ese tema (qué comprar). Me acuerdo de que encontramos una botillería y nos pusimos afuera a esperar que alguien nos quisiera hacer el favor, hasta que conseguimos que nos compraran vodka”.

La verdadera historia comienza, cuando ya era de noche, y estábamos todos en el Hotel Colonos del Sur Mirador. Domingo cuenta que era una noche “ideal” para hacer algo porque había otro colegio en el mismo hotel, entonces había mini carretes en todas las piezas.

“No sé por qué llegaron unas 12 personas a mi pieza. Teníamos: pisco, vodka y una cajetilla de cigarros que compramos en una Petrobras con Beltrán (el compañero de pieza)”, dice Domingo mientras su voz se empieza a poner cada vez más picarona. Agrega que se acuerda que carretearon toda la noche, tratando de “pasar piola” para que las profesoras a cargo, no los pillaran.

Domingo, que hoy tiene 23 años, cuenta que, para recordar algunos detalles, como el nombre del hotel, tuvo que hablarles a sus compañeros de curso, quienes, en diciembre, cumplen cinco años de egresado del colegio.

Una semana después del viaje al sur, Domingo y todos sus amigos regresaron a Viña del Mar, a retomar las clases normales. Pero nadie hubiera dicho que, en medio de una clase de matemáticas, “mi papá me llama y me dice que debo $120.000 pesos de multa por destruir

una habitación de hotel”, dice Domingo, agregando que se acuerda cómo empezó a tratar de dar explicaciones sobre qué había pasado.

Los encargados del hotel habían llamado para reportar la destrucción de una pieza de hotel. Dentro de los daños que Domingo recuerda, nombra: una televisión quemada con cigarros, romper implementos del baño, múltiples hoyos de cenizas en el alfombrado, cubrecamas, cortinas y almohadas, “los demás no los voy a decir porque me da vergüenza”.

Entre risas comenta que nunca se va a olvidar de lo que tuvo que pagar, porque si bien su papá pagó de forma inmediata la multa, él tuvo que devolvérsela.

Hasta el día de hoy, la familia de Domingo recuerda la historia, sobre todo cuando hablan de ir de vacaciones a algún lugar.

El pre del terremoto

En febrero de 2010, dos días antes del terremoto, Jorge Ramírez, un joven periodista de la comuna de San Bernardo, Santiago. Estaba encargado de cubrir el evento más esperado del año, para él.

Junto a sus compañeros del momento; Marcelo, Edgardo y Oscar, llegaron como pasajeros del Hotel Apart Queen, ubicado en la calle Ecuador 28.

Después de una jornada de 16 horas de reporteo festivalero, el medio de comunicación, para el que trabajaban, les pidió exclusivas de lo que ocurría en la quincuagésima primera versión del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Ese 25 de febrero, era una jornada de fiesta en la Quinta Vergara, ya que la “parrilla” incluía a artistas como Américo y Tito el Bambino.

A las 5 de la mañana, una vez terminadas y enviadas las notas que su medio les pedía, llegaron al hotel donde se hospedaban, y decidieron tomarse “solo unas copas de vino”, como dice Jorge, “solo un poquito para poder distraerse del trabajo” agrega. Fue en ese entonces en que esas “copas de vino” se transformaron en vasos de whiskey, y esos vasos se convirtieron en botellas y botellas de licor. 

“Recuerdo que Edgardo nos hacía cantar “Quiero ser libre” (del grupo La Noche), y la ponía a todo volumen”, comenta Jorge.

Pasaron varios minutos de diversión, pero los gritos eufóricos de Edgardo, y de todos, se fueron convirtiendo en una molestia para los demás huéspedes del lugar. Esto obligó a que las las autoridades del hotel llegarán a poner orden en la habitación.

Edgardo, que según comenta Jorge, era el más carretero del grupo, “no pescó nada de lo que le decían” e ignoró las advertencias de los encargados. “salió de la pieza y comenzó a gritar por los pasillos. Corría por todo el hotel, tomaba todo lo que encontraba en su camino, tocaba las puertas de los otros huéspedes para que se sumen al carrete”, comenta Jorge mientras se ríe.

Todo el espectáculo, terminó cerca de las 6 de la mañana, con un resultado obvio para los trabajadores del hotel, pero “inesperado” para Jorge y sus amigos: fueron echados del hotel, y con sus maletas en la mano, teniendo que dar explicaciones a sus jefes y con toda una nueva jornada del Festival que cubrir, los cuatro amigos santiaguinos tuvieron que encontrar otro lugar donde quedarse, sumado a la “caña” que tenían en ese momento.

Hoy, Jorge trabaja en un medio reconocido en todo el país, y cuenta todo esto con extrema nostalgia. Se justifica diciendo que eran todos muy jóvenes, con 25 años aproximadamente. “Era la primera vez que nos llevaban a cubrir el Festival, y eso para todo periodista o estudiante de periodismo, es un sueño”.

Sin embargo, dice que el carrete del 25 de febrero del 2010 fue uno de los mejores que ha tenido desde entonces. Lo único que lamenta, es que no pudieron ir al evento que el “Negro” Piñera, los había invitado.

Una amistad de cinco estrellas

En la oficina es ejecutiva de inversiones del Banco Consorcio, fuera de horarios de trabajo esta mujer de 48 años sabe entretenerse y sacar provecho a sus tiempos libres.

Mary Rose va constantemente a reuniones de trabajo en la Región Metropolitana, hospedándose en el Hotel Time, ubicado en Las Condes.

En uno de aquellos viajes de negocios, Mary junto a sus compañeras de oficina, llegaron al hotel, les dieron las llaves de sus habitaciones y quedaron en juntarse cerca de las 20:00 horas en la habitación de Jessica, para luego ir a tomarse unos tragos al bar del hotel.

Mary, luego de registrarse en el hotel, tomó sus maletas, subió en el ascensor hasta el piso 10, buscó la habitación 1003, introdujo la llave que le habían dado en la recepción y entró a la que sería su pieza durante un fin de semana.

En la habitación “todo estaba normal”, solo que, según ella, algunas cosas estaban un poco más desordenadas, de lo normal.

“Como habían viajado, a penas llegué al hotel, pensé en darme una ducha y después hacer lo que sea que tuviera que hacer”, dice Mary Rose.

Comenta que se demoró unos 15 minutos en la ducha, que tomó la toalla del hotel y salió para cambiarse cómodamente en la habitación.

“Estaba con mi maleta abierta, arriba de la cama. Tenía la toalla amarrada al cuerpo mientras pensaba en qué ponerme para salir”, pero al igual que en las películas, absolutamente nadie le hubiera podido hacer creer a Mary que en un abrir y cerrar de ojos “vi a un hombre, de aproximadamente 40 años, descansando en la cama de la habitación, de mi habitación”, enfatiza.

“Nos miramos al mismo tiempo y los dos gritamos como si hubiéramos estado sincronizados”, agrega que después de gritar me miró y me dijo:

  • ¿Qué haces en mi habitación?”
  • ¿Qué hace usted en mi habitación?, yo acabo de llegar. Contestó Mary, mientras se ríe al contarlo.

Después de unos segundos de tratar de comprender qué estaba pasando, se dan cuenta que les dieron la llave de la misma habitación. “Obviamente, fuimos a recepción y nos arreglaron el problema”.

Mary, al contar su historia, recuerda que lo que más le causa risa, es recordar que “no me pudieron haber pillado en peor momento, ¡si solo tenía una toalla!”, pero no faltan las risas mientras lo dice.

“Esa situación hizo que Antonio (el hombre que estaba en su pieza) y yo, nos hiciéramos grandes amigos, incluso ahora nos vemos con frecuencia y todo” comentó Mary.

Millonario por una noche

Ambición, diversión y locuras. Nada más se le puede pedir a jóvenes con dinero, pasando la noche con “un par de copetes encima”, en uno de los hoteles más exclusivos de la quinta región.

Benjamín Montoya es un viñamarino de 23 años, que tuvo una de las experiencias más adrenalínicas apostando con su amigo Felipe en Enjoy Casino de Viña del Mar.

“Felipe tenía en sus bolsillos todas las tarjetas Premium del hotel”, dice Benjamín, explicando que su amigo era socio desde hace varios años y que su pasatiempo era apostar en casinos.

“A Felipe, le encanta apostar en el casino, sobre todo los juegos de cartas, era un hobbie que le dio varios beneficios”, dice Benjamín, agregando que, a su amigo, varias veces le regalaron fines de semana en el hotel y cupones para comer en los restaurantes.

Benjamín no se acuerda exactamente qué día fue en que pasó esto, pero si que eran cerca de las 20:00 horas, cuando a Felipe, le dicen que, como premio, puede hospedarse en la mejor habitación.

“Obvio que al tiro dijo que quería la “Suite presidencial”, no estoy muy seguro si se llama así, pero era la mejor pieza del Enjoy”, contó Benjamín, agregando que “los dos la queríamos conocer hace tiempo, siempre hablábamos sobre cómo sería esa pieza”. 

“Nos abrieron la puerta de la suite y la pieza era enorme, tenía varios ambientes; una sala de estar, un sector de oficina, una cama increíblemente grande, un jacuzzi y chocolates en todos los estantes de la habitación”, recordó Benjamín.

La emoción de estar en la mejor habitación del hotel, sumado al alcohol que tenían en la sangre, motivó a estos dos amigos a hacer apuestas en el salón principal de juegos “Picadilly”.

“Empezamos a tomar: Mojitos, Aperol, Pisco Sour y todo lo que nos encontráramos”, dice el joven viñamarino mientras se ríe. Agregando que, “esa noche Felipe estuvo dos horas jugando Póker y ganó $12.000.000 millones de pesos. Le entregaron un Boucher con el total de lo que había ganado. Hicimos lo posible para que nos dieran la plata en efectivo”.

“No sabíamos qué hacer, estábamos en un estado de emoción inexplicable. Mirábamos a todos lados pensando en qué vamos a hacer con esto ahora”. Benjamín recuerda que, de un momento a otro, ambos se miraron y solo con mirarse, supieron que pensaban lo mismo. Se fueron, a la habitación donde se estaban quedando, a cumplir lo que ellos mismos definieron como “el sueño de toda persona”; lanzar los billetes por el aire e imitar la icónica escena de Lobo de Wall Street, en donde Leonardo DiCaprio se acuesta en una cama repleta de dinero.

Como la noche de euforia no podía terminar ahí, con el paso de las horas fueron a bailar a una “disco gay”, gastando parte del dinero ganado, y convirtiéndose en la noche más feliz de Benjamín. Historia que piensa contarle a sus hijos y nietos.

La casa del diablo

Hoteles y romanticismo; una pareja que van de la mano.

Lamentablemente, para Bernardo Parra, vincularse en esa relación, terminó siendo su trauma de por vida.

A sus 52 años aún recuerda su pálida faz al salir del Hotel Boutique en la ciudad de Los Andes, después de haber sido una de las tantas víctimas de la ya apodada “La Casa del Diablo”.

Bernardo estaba haciendo un viaje con destino a Mendoza, Argentina. Era tarde, por lo que decidió hospedarse en la ciudad de Los Andes. Llegó al hotel cerca de las 23 horas, hizo un par de diligencias y se fue a su habitación para descansar del viaje.

“Eran las 3 de la mañana, me estaba costando quedarme dormido. Alcancé a cerrar los ojos y comencé a sentir un movimiento en el costado izquierdo de la cama, como si alguien se estuviera tratando de acostar a mi lado, me di la vuelta y noté que una figura blanca se desvanecía” recordó Bernardo.

Lógicamente, tras recibir este tremendo susto se vistió con lo primero que encontró y bajó a la recepción, donde se encontró con un joven que hacía los turnos de noche, quien le comentó que esas cosas solían pasar en el hotel, que incluso el lugar había sido material de muchos reportajes de las situaciones paranormales que se vivía en la residencia.

Ya al día siguiente, tomó sus pertenencias para continuar su viaje, pero antes quería despedirse de su amigo recepcionista, “Le dije a una señora que estaba ahí que me despida del joven que me conversó en la madrugada, ella me miró a los ojos y me dijo que ningún joven trabajaba en ese lugar a esa hora” comentó Bernardo.

Fue tan traumante lo que le ocurrió que se puso a investigar los reportajes del que hablaba el joven. Averiguó que era una casa patronal de los años 1800, y que en ese entonces había mucha gente esclava que podría haber fallecido en el lugar.

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