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Meloni y la noche que esperó 100 años

Ni la baja participación -la menor desde la Segunda Guerra Mundial- aguó la fiesta a la ultraderecha en Italia. Giorgia Meloni y su partido, Hermanos de Italia, se convirtieron en la fuerza política más votada con el 26% de los sufragios. Admiradora de Mussolini, apoyada por la extrema derecha global y con una agenda ultraconservadora, Meloni será la primera mujer en ejercer como Primera Ministra italiana.

Análisis por Andrés López Awad

A mediados de octubre de 1922 la noche caminó por las calles de Italia. Eran las primeras sombras del fascismo. Cientos de hombres vestidos de camisas negras marcharon durante dos días sobre Roma. Con palos, pistolas y mazos tomaron el poder para su líder, Benito Muussolini. La oscuridad nocturna se tragó la democracia parlamentaria y devolvió de sus fauces la dictadura fascista. Más de dos décadas que se convirtieron en persecución política, institucionalización de la violencia y desprecio por los derechos de las minorías y la democracia. Desdén por la diferencia.

Casi exactamente cien años después, los resabios del fascismo político volvieron al poder. Esta vez por las urnas. Giorgia Meloni se convertirá en Primera Ministra italiana, luego de que su partido, Fratelli d’Italia, resultara electo con el 26% de los sufragios en la elección llevada a cabo el pasado domingo. «Los italianos han enviado un mensaje claro a favor de un gobierno de derecha dirigido por los Hermanos de Italia», dijo en su discurso tras el triunfo.

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Meloni tenía solo 15 años cuando empezó su militancia política. Ingresó al Movimiento Social Italiano, una fuerza política fundada por los nostálgicos adeptos de Mussolini y su proyecto fascista. Ella no ocultaba su entusiasmo y orgullo al sentirse parte de ese grupo. «Creo que Mussolini era un buen político. Todo lo que hizo, lo hizo por Italia. Y no encontramos esto en los políticos que hemos tenido en los últimos 50 años», dijo, cuando tenía 19 años.

Se define como mujer, madre, italiana y cristiana. En ese orden. Su estilo frontal y carismático la llevó rápidamente a ser un personaje relevante para el dibujo político italiano. Con 29 años llegó a ser vicepresidenta de la Cámara y dos años después, con el ascenso de Silvio Berlusconi al poder, tras la fusión de Alianza Nacional con Forza Italia y antes de ser condenado por fraude al fisco y prostitución de menores de edad, Meloni fue nombrada ministra de la Juventud.

Su actual partido, los Hermanos de Italia, se erigió sobre las palabras que tomaron como un mantra: «Dios, patria y familia». Además, tomaron la antorcha encendida con los colores italianos del logotipo del Movimiento Nacional Italiano -el de los fieles de Mussolini- para construir su propio logotipo. Una brújula que señala dónde están las lealtades y el horizonte de Meloni y sus adeptos.

Para entender a Meloni no es necesario interpretar demasiado. Es una representante de la extrema derecha europea, a mucha honra. Basta escuchar el discurso que dio en España en junio de este año, cuando estuvo presente en la campaña de Vox -la ultraderecha española- y le habló a los seguidores de su agenda compartida. Con sus palabras cortó el mundo en dos: el de los buenos y el de los malos. «No hay mediaciones posibles. O se dice sí o se dice no. Sí a la familia natural. No a los lobby LGBT. Sí a la identidad sexual. No a la ideología de género. Sí a la cultura de la vida. No al abismo de la muerte. Sí a la universalidad de la cruz. No a la violencia islamita. Sí a fronteras seguras. No a la inmigración masiva. Sí al trabajo de nuestros ciudadanos. No a las grandes finanzas internacionales. Sí a la soberanía de los pueblos. No a los burócratas de Bruselas. Y sí a nuestra civilización. Y no a quienes quieren destruirla. Viva España. Viva Italia. Viva la Europa de los patriotas», gritó, ante un aplauso cerrado.

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Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la ultraderecha. El triunfo de Meloni se suma al avance de fuerzas políticas conservadoras y radicales, últimamente marginadas, pero que han logrado hacer sentido común y conseguir mayorías que le abran paso hacia el poder político, propagándose a través de la Unión Europea.

Hace dos semanas el partido de ultraderecha, Demócratas de Suecia, se hizo con la segunda mayoría en las elecciones de Suecia, derribando el cordón sanitario que los partidos moderados habían levantado en torno a ellos. Unos meses atrás, Marine Le Pen disputó el balotaje con el actual Presidente francés, Emmanuel Macron. Si bien no logró triunfar, su partido, Agrupación Nacional, consolidó su músculo político pasando de ocho escaños a 89.

Meloni y sus pares europeos han conectado con un malestar transversal de la ciudadanía. La antagonización de la clase política y las élites con el pueblo es el motor que hace andar la agenda ultraderechista. En Italia, no solo temas como la migración y las políticas progresistas por la diversidad sexual o las libertades individuales han sido el caldo cultivo de Meloni y sus secuaces. La fractura entre el norte, que concentra mayor riqueza y el empleo, y el sur, desindustrializado, desequilibrado geográficamente, también marcan una tendencia. Los Hermanos de Italia, por cierto, triunfaron en el norte.

Es 2022 y en la noche italiana la ultraderecha volvió al poder después de cien años. Giorgia Meloni agradeció a sus fieles seguidores con un cartel que consigna Grazie Italia. En la tarima sobre la cual dio su discurso de victoria se vio la bandera verde, blanca y roja junto a la llama de la antorcha que ilumina el rostro de su partido político. La misma antorcha que los seguidores de Mussolini encendieron simbólicamente en su nombre años atrás. Meloni también tiene memoria: «Es una victoria que quiero dedicar a todos los que ya no están con nosotros y que querían esta noche».

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