Share on twitter
Share on linkedin
Share on facebook
Share on email

El mensaje detrás del icónico Forrest Gump chileno

Antonio Marshall, conocido como el Forrest Gump chileno, decidió dejarse crecer la barba en septiembre de 2021, cuando un adulto mayor le dijo que se parecía al personaje. Su cosplay ha causado gracia en la opinión pública, pero poco se sabe del mensaje que quiere compartir al mundo. En entrevista con Cooler, el sonidista de 40 años contó su experiencia y detalló qué espera incentivar.

Paula Morales

El sonidista ha aparecido en el Palacio de la Moneda, en la Maratón de Santiago y en la Convención Constitucional, lugar donde trabaja hace 17 años. Nació en Lautaro, una ciudad de la Provincia de Cautín en la Región de la Araucanía que limita al sur con Temuco y Vilcún.

Antonio estudió un par de carreras en Temuco, pero se decidió por venir a Santiago a estudiar sonido, dejando atrás a su papá y mamá. Sin embargo, no fue lo único que dejó en el sur, sino que también se dio una oportunidad de desligarse de malos recuerdos, producto del bullying que sufrió durante su niñez y gran parte de la adolescencia.

En una entrevista con Cooler, Antonio Marshall, detalló qué lo motivó a interpretar a Forrest y explicó el mensaje que quiere transmitir, que se transforma en un llamado a los padres y educadores a tener mayor precaución con los niños que sufren malos tratos y molestias de sus compañeros.

¿Cómo se te ocurrió disfrazarte de Forrest?

-Todo esto partió con un simple parecido, por la barba, el pelo, en el año pasado. Me dijeron en la calle que me parecía a Forrest y ahí pensé en encargar el disfraz. Pensé en que puede ser como simpático, en septiembre del año pasado. Y estuve hasta diciembre dudando, pensando en qué va a decir la gente, iré a hacer el ridículo o no, lo compro o no lo compro. Estuve tres o cuatro viendo si compraba o no el traje. En diciembre lo compré, llegó enero, y lo tuve ahí empaquetado, dudando si valdrá la pena. Llegó abril, y la primera semana de abril recién me lo puse. Y ahí fue la salida en La Moneda.

Después de tantas dudas, ¿Qué sentiste al salir a la calle?

-Me liberé. Me liberé a mí, parece que estoy empezando a liberar a mucha gente, a liberarlos de sus cargas. Le hago pasar un momento agradable, y los que van más allá, reflexionan sobre el personaje, sobre el motivo principal.

¿Cuál es el mensaje que quieres entregarle al mundo?

-Primero es poner en discusión sobre la mesa todos los valores que evoca sobre la mesa este personaje. A todos les evoca valores súper positivos; la solidaridad, empatía, inclusión, honestidad, la humildad también. La amistad genuina que tenía con un personaje que no tenía piernas y otro de color, en su momento en la película. Yo quise ponerlo sobre la mesa, porque siento que hay valores que están quedando atrás hoy en día.

¿Qué te motivó a atreverte?

-Ahí también viene un motivo de fondo, que es solucionar traumas míos. No traumas, pero sí falta de personalidad, timidez, baja autoestima. Entonces dije, ‘ya, puede ser como simpático, tengo la barba natural…’

¿Te sientes identificado con Forrest Gump fuera de parecerte a él?

-Sí, por el bullying que sufrió Forrest. Él empezó a correr por el bullying infantil y yo también lo sufrí cuando niño.

¿Te afectó mucho que te molestaran cuando niño?

-Eso yo lo tenía guardado, y el personaje abrió esa caja, esa caja de chocolates, como dice Forrest, que siempre tiene distintos sabores. El personaje abrió esa caja y yo lo cuento justamente para visibilizar lo que pasé, y hoy día es mucho peor. Yo sufrí bullying porque era tímido. Me encerraba en mi casa, jugaba con autitos y me molestaban, me hostigaban y me ponían sobrenombres, porque pasaba encerrado en la casa. Y tener ese hostigamiento en el exterior, me hacía encerrarme más. Era un círculo vicioso.

¿Qué edad tenías cuando te empezaron a molestar?

-Entre 8 y 12.

¿Cuáles son tus proyecciones como personaje? ¿A dónde te gustaría llegar?

-Me gustaría llegar a los niños, jóvenes y también no excluir a las personas adultas, que también traen muchos traumas que traen de juventud, que no les permiten ver la belleza de vivir. Darles esperanza esas personas. Me gustaría trabajar, tal vez, en jordanas de convivencia escolar, que son cuestiones tan elementales.

¿Cuál ha sido la anécdota que más aprecias?

-El primer día de salida, en Alameda con Morandé se me suman dos muchachos con mochila, y me dicen: ‘Forrest, podemos correr contigo”, así como en la película. Y yo quedé como: ‘Oh, no puede ser’. Hicimos Agustina, Estado, cruzamos frente La Moneda y fuimos a República (…) y llegando, había una manifestación, el guanaco a la derecha y el bandejón lleno de estudiantes tirando piedras. Pero cuando nos íbamos acercando, increíblemente pararon. Todo como que paró, y los estudiantes a coro gritaron: ‘¡Corre, Forrest, corre!’.

¿Qué ha cambiado en tu vida desde ese día?

-Ha cambiado principalmente la opinión que tengo de lo que opina el resto. O sea, yo puedo transmitir con conocimiento de causa que los comentarios negativos, comentarios que no aportan o no construyen en tu vida, deben darles lo mismo. Si a mí me importaran los comentarios, no saldría vestido por el centro, Plaza Italia o distintos lugares. Ha cambiado la responsabilidad que siento sobre mis hombros. Yo pensaba cortarme el pelo al día siguiente de la maratón y volver a mi vida normal, pero hay mucha gente que me ha invitado a corridas, a dar charlas en colegios. Y la autoestima también ha mejorado, la timidez y mi relación con la gente.

¿Cuándo volverá a aparecer Forrest Gump chileno y dónde?

-Ya tengo agendadas un par de corridas. Conchalí tiene una corrida a mediados de junio, y los voy a ir a apoyar. Y hay hartos colegios que me han contactado para dar charlas, pero primero tengo que generar el sustento de mi presentación. Tal vez ir con un grupo de profesionales, como psicólogos, terapeutas y ser parte de ese grupo.

Share on twitter
Share on facebook
Share on email
Share on linkedin
Share on whatsapp

El sentido del arte para Catalina Aspillaga

Mujer, madre de familia y emprendedora. Conversamos con Catalina, una artista innata de la quinta región que hace unos años creó “La Casita”, una construcción de madera ubicada en Los Pinos, donde realiza distintos talleres para todo aquel que se interese: mamás, niños, adultos mayores, etc. Hoy en día existe una comunidad y cada día crece más.