Editorial: Los límites que la televisión no debe ni puede traspasar

Editorial: Los límites que la televisión no debe ni puede traspasar

Por Equipo Sociedad

En su primera emisión, la nueva apuesta de entretención de la productora Kike21: Mi Barrio, llevó a cabo un sketch en el cual se hizo una parodia a la boy band  BTS, aludió al líder norcoreano Kim Jong Un e imitó -de forma burlesca- el idioma de ese país.

Al unísono, los seguidores de BTS en Chile catalogaron la parodia -a través de redes sociales- como “racista y xenófoba” y el tema se viralizó a tal punto, que el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) recibió más de mil denuncias por el hecho. Sumado a esto, el repudio traspasó las fronteras: The New York Times y la revista NME también se refirieron al programa que conduce Fernando Godoy.

¿Por qué esta representación humorística generó tanto revuelo?, simplemente porque ya no es humor. El capítulo inaugural de Mi Barrio se emitió en medio del rechazo internacional contra crímenes de odio a personas asiáticas que, injustamente, son responsabilizadas por el origen de la pandemia. Esos ataques culminaron con la muerte de un adulto mayor tailandés, un filipino que sufrió cortes en su cara y una mujer china quemada.

Ya sea a través de un discurso o de un hecho de violencia consumado, cualquier tipo de apología al odio es algo intolerable. Resulta bochornoso que la televisión chilena haya sido noticia en medios internacionales como The New York Times por un sketch que, según aseguraron, “se convirtió en el objetivo de una campaña antirracista más amplia”.

Los medios de comunicación cumplen una función educativa primordial en la sociedad. Tienen gran influencia en la opinión pública y sus señales no pueden favorecer la violencia y discriminación: simplemente es inaceptable.

Es hora de comprender que el mundo de la televisión no quedó ajeno al estallido social. La gente demostró gran preocupación por los derechos fundamentales y se manifestó para exigir estándares mínimos que garanticen la dignidad de las personas. Los medios no pueden quedarse al margen de este cambio en la sociedad. 

El peak de denuncias ocurrió en julio de 2020, cuando el conductor José Miguel Viñuela cortó el cabello del camarógrafo José Miranda y el CNTV recibió 2.566 reclamos por el incidente. Durante ese año, el Consejo recibió más de 9 mil 500 denuncias, que forzaron a diferentes programas -en su mayoría matinales- a hacer importantes transformaciones en su línea editorial. 

¿Qué deben hacer los medios? Velar que los contenidos no promuevan ningún tipo de discurso violento ni discriminatorio. Es insólito e inaceptable que los rostros utilicen la tribuna mediática para pasar a llevar la dignidad de las personas. El desafío que enfrentan los medios es inmenso y de suma urgencia.

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