Trueque: la salida solidaria a la crisis económica

Trueque: la salida solidaria a la crisis económica

Ropa, electrodomésticos, muebles, alisados permanentes y una larga lista de cosas se pueden encontrar en los cientos de grupos de Facebook que agrupan a personas que quieren canjear lo que tienen por mercadería, artículos de aseo o lo que la otra parte ofrezca.

Por Sara Sorza

“Intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención de dinero”. Así define la Real Academia Española (RAE) al trueque, el tipo de canje más antiguo del mundo que ha ganado terreno durante la pandemia entre quienes buscan hacer frente a la crisis recurriendo a las cosas que ya no utilizan en su hogar.

Los grupos de Facebook dedicados a este tipo de economía colaborativa existen hace años, pero desde principios del 2020 —cuando se empezaron a sentir con más fuerza los efectos del estallido social y se sumó el COVID-19— aumentaron en cantidad y en participantes, tanto que algunos superan los 12.000 miembros. 

La trabajadora social e investigadora del Global Center for Advanced Studies Latinoamérica, María Paz Martínez, explica que los motivos por los cuales las personas buscan estos espacios en momentos de crisis son variados, y destaca entre ellos el cuestionamiento que se dio a los pilares económicos hegemónicos luego del 18 de octubre.

María Paz Martínez, trabajadora social e investigadora del Global Center for Advanced Studies Latinoamérica

La profesional agregó otros factores que influyen directamente para que el trueque se configure como una fuente de provisión familiar: el desempleo, la falta de apoyo desde el gobierno para el sostenimiento de los hogares y la mayor permanencia en las casas.

“Las cuarentenas nos han hecho estar mucho más en nuestros hogares y ante la necesidad de solventar algunos gastos, podemos evaluar lo que tenemos y aprovecharlo para gestionar aquello que nos falta. En lugar de vender, lo pongo a disposición para intercambiarlo por alguna otra cosa que a alguien le falte y yo necesite”, dijo Martínez.

Todos ganan

Marianela Fuchsloecher ya tiene experiencia en el mundo del trueque. Ella se desempeñaba como asesora del hogar durante la temporada alta y los fines de semana largos en Concón, pero las limitaciones de movimiento por las cuarentenas coartaron las llamadas para trabajar.

En vista que solo su esposo tenía empleo estable, hace más o menos un año decidió empezar a publicar ropa, zapatos, juguetes y electrodomésticos que ya no utilizaba y que otras personas le regalaban, a cambio de artículos de aseo y alimentos no perecibles como salsa de tomate y tallarines.

Para ella, estas agrupaciones son un ganar y ganar para ambas partes y una muy buena opción teniendo en cuenta que muchas familias no tienen el dinero en efectivo, pero sí algo que le puede servir a otra persona.

Marianela Fuchsloecher, realiza trueques

Pero los intercambios no se quedan solo en productos. Desde hace dos meses Francisca Guzmán empezó a ofrecer el servicio de alisado permanente por mercadería. En su casa en Quillota tiene un cuarto especialmente habilitado que cumple con todas las medidas sanitarias para hacer el procedimiento.

Empezó porque necesitaba los alimentos para su familia, pero con el paso de las semanas se dio cuenta que es mucho más que un simple canje: “Las mujeres pueden sentirse mejor. Con esto de la cuarentena se han dejado estar y yo las ayudo a que su autoestima suba”, afirmó.

Tal como dijo María Paz Martínez, a través del trueque, los valores de la solidaridad y resistencia se convierten en un respaldo para la salud mental. Formar parte de estas colectividades contribuye a “sentirse un poco más acompañado y entender que hay otras personas que están en la misma que yo y por lo tanto la sensación de incertidumbre y desesperanza se diluye un poco y se potencia el bienestar a través del apoyo mutuo”.

Aunque en los grupos abundan publicaciones como las de Marianela y Francisca, que buscan abastecer sus despensas, hay quienes simplemente quieren darle una segunda oportunidad a ropa o muebles que tienen olvidados en sus casas y que apuestan por el consumo consciente como un escape de la lógica tradicional de la compraventa.

Si bien la mayoría de estos espacios son cuentas privadas, ingresar no es complejo. Solo se deben aceptar las reglas que son similares en la mayoría de los casos y bastante claras: las cosas tienen que estar en buen estado, se debe indicar qué se pide para el intercambio y, por supuesto, no se aceptan publicaciones que impliquen algún intercambio de dinero.

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