Jeanine Añez: de presidenta a reclusa

Jeanine Añez: de presidenta a reclusa

La crisis política que arrastra Bolivia desde 2019 desembocó en la detención de la expresidenta interina acusada de provocar la renuncia de Evo Morales a través de un golpe de Estado.

Por: Nicole Iporre

En noviembre de 2019, Bolivia se encontraba en una situación tensa y hostil. Evo Morales Ayma se repostuló a la presidencia con el apoyo de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS) y había ganado por cuarta vez consecutiva, después de haber gobernado 13 años sin pausas.

Una fracción de los bolivianos estaba de acuerdo con que el entonces presidente continuara como jefe de Estado, pero otra parte estaba indignada, puesto que el 21 de febrero de 2016 se hizo el referéndum constitucional donde se consultó a la población si estaba de acuerdo con la modificación un artículo de la Constitución Política para que el presidente y vicepresidente pudieran ser reelectos dos veces de manera continua.

El “No” ganó con 51,3% de los votos. Sin embargo, Evo Morales desafió la decisión mayoritaria y a la Constitución boliviana y lanzó su nueva candidatura en busca de cinco años más de gobierno.

El 25 de octubre de 2019 se anunció que Morales fue reelecto en primera vuelta con el 47,08% de los votos y su principal opositor, Carlos Mesa, perdió con el 36,51%. Las cifras suscitaron dudas y sospechas. La oposición exigió una segunda vuelta y el informe de auditoría de la Organización de los Estados Americanos (OEA) concluyó que hubo “manipulación dolosa” e “irregularidades graves” que imposibilitaban validar los resultados emitidos.

A esta jornada le siguieron 21 días cargados de violencia, protestas e incertidumbre política, después de que incluso la policía y el ejército se rehusaran a apoyar al gobierno. Finalmente, el 10 de noviembre, Evo Morales presentó su renuncia y abandonó el país rumbo a México para después concluir su exilio en Argentina.

Nueva cara, nuevo gobierno

Bolivia estuvo sin presidente por dos días. El cargo inicialmente le correspondía a Adriana Salvatierra, entonces presidenta del Senado pero que renunció el mismo día que Morales junto con Víctor Borda, titular de la Cámara de Diputados. Esto abrió paso a que la segunda vicepresidenta del Senado y opositora, Jeanine Añez, se proclamara gobernadora interina del Estado Plurinacional de Bolivia.

Jeanine Añez es una abogada nacida en Trinidad -parte del trópico boliviano- y tiene 54 años. Su pelo es rubio, tiene la piel trigueña y una sonrisa grande, la misma que mostró con la bandera colgada en la espalda mientras se abrazaba con los políticos simpatizantes a su alianza política, Unidad Demócrata (UD), cuando asumió como la nueva presidenta de transición del país vecino el 12 de noviembre.

Mientras tanto, a 6.130 kilómetros de la Casa Grande del Pueblo -el nuevo Palacio de Gobierno que se construyó en 2018-, Evo Morales tuiteaba que Bolivia había sufrido “el golpe más artero y nefasto de la historia” porque Añez no habría cumplido con el quórum legislativo para ser elegida de forma legal e incluso alertó a la comunidad internacional sobre un supuesto un complot del gobierno transitorio con Estados Unidos.

Nuevamente, los gritos, piedras y palos se tomaron distintas calles del país y en un intento por apaciguar las violentas protestas sociales, hubo intervención de militares bajo la orden de Jeanine Añez que concluyó, en algunos casos, en desenlaces fatales, tal como en las masacres de Sacaba y Senkata -ocurridas en Cochabamba y El Alto respectivamente- donde 22 personas murieron y 198 fueron heridas.

Entonces se promulgó un decreto que eximía de responsabilidad penal a los miembros de las Fuerzas Armadas que ejercieran su trabajo ante protestas y un par de semanas después se derogó cuando las manifestaciones cesaron.

Además, su gobierno investigó a funcionarios del mandato de Morales y de empresas nacionales por corrupción. El expresidente también fue denunciado por genocidio, terrorismo y atentado a la salud pública porque se reveló un audio que grabó durante los 21 días de enfrentamientos posteriores a su renuncia. Allí se escucha su voz ordenando bloqueos y exigiendo “que no entre comida en las ciudades hasta ganar la batalla”. Morales no retornó a Bolivia a enfrentar sus cargos.

Tras varios días sin poder controlar las protestas sociales, el gobierno convocó a nuevas elecciones para el 3 de mayo de 2020. Sin embargo, la pandemia del coronavirus azotó al país, obligándolo a mantener una cuarentena rígida de varios meses y las presidenciales se aplazaron al 6 septiembre y, después, al 18 de octubre.

El rol de Añez

La figura de Jeanine Añez fue, para una parte de la población boliviana, como la de una madre. Como presidenta, había declarado que 2020 sería el año de lucha contra feminicidios e infanticidios. Ella intentó generar una conexión con el pueblo indígena, izando la bandera de la Wiphala junto con la boliviana en el Palacio Quemado, el antiguo despacho presidencial que Evo Morales había reemplazado por la Casa Grande del Pueblo y al que Añez retornó en su gobierno.

Pero por otra parte también desencantó a los bolivianos porque, a pesar de haber prometido que no lo haría, lanzó su candidatura presidencial para las elecciones del 18 de octubre de 2020. Esto provocó grandes críticas e intensificó la desconfianza de gran parte de la población por no cumplir su palabra mientras estaba al mando del país. En septiembre, Añez detuvo su campaña y se retiró de la carrera.

El regreso del MAS

El 18 de octubre de 2020, millones de bolivianos caminaron a las urnas para emitir su tan esperado derecho a sufragio. La incertidumbre duró hasta el 23 del mismo mes, cuando se proclamó a Luis Arce -el anterior ministro de Economía de Evo Morales- como el ganador de las elecciones presidenciales con el 55,10% de los votos, una cifra ocho puntos porcentuales sobre la que había alcanzado Evo Morales, quien retornó al país la jornada siguiente.Cuadro de texto: Foto: Rolando Schmeidt , AFP

Cinco meses después, el 12 de marzo de 2021, se emitió una orden de aprehensión en contra de Añez y cinco exministros por “sedición, terrorismo y conspiración”. Después de una búsqueda operativa de la policía boliviana, a la 1:30 de la madrugada la encontraron y la obligaron a tomar un avión rumbo a El Alto para finalmente retenerla en prisión preventiva durante cuatro meses, según declaró en su último informe la Fiscalía.

Según el analista internacional Samuel Fernán la persecución política que inició el gobierno en contra de la exmandataria “es innecesaria. Añez es una víctima que no representa un peligro real, ya no lo es. Hubo juicios en contra de Morales por lo que cometió durante 13 años y esta es una revancha de esos juicios”.

La polarización de la crisis política en 2019 rebrotó ahora con el arresto de Añez. Cientos de opositores, a pesar de la pandemia, se manifestaron nuevamente en las calles -especialmente en Santa Cruz, territorio con mayoría de líderes adversarios del MAS- para exigir el cese de la persecución política del partido de Arce y Morales. No obstante, las protestas digitales también mostraban que había figuras y organizaciones que creían que Añez debía responder ante las acusaciones en su contra.

“Llama mucho la atención que hasta ahora el presidente de Bolivia no se ha pronunciado, no existe ningún comunicado, acta ni conferencia sobre esto”, declara Rodrigo Torrico, periodista corresponsal boliviano. “Esto evidencia que lo que está detrás de ello -como dicen los comentarios de pasillos- es el anterior gobierno: Juan Ramón Quintana (exministro de la Presidencia de Bolivia) y Evo Morales”.

Algunos días atrás, en Bolivia se aprobó una amnistía genérica que establece que todas las personas procesadas durante el gobierno de transición de Jeanine Añez por delitos que tuvieran relación directa con los hechos ocurridos en la crisis política serían indultadas. “Con esto te das cuenta de que la justicia es del MAS, le pertenece al MAS y siempre será del MAS. Para el gobierno, ellos son un trofeo”, dice Torrico.

Fernán cree que “en Jeanine encontraron a una mujer que consideran débil -el machismo del gobierno es muy claro- y ahora la atacan, acusándola con un proceso que no se ha iniciado y con una preventiva exagerada”. El ministro de Justicia y Transparencia de Bolivia, Iván Lima, exigió que se otorgue 30 años de cárcel para Añez, cifra que es la pena máxima que sostiene el país. “Es una advertencia a la población boliviana de que un Evo Morales no se va así como así”, concluye el analista.

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