La primavera que no floreció: A 10 años de los levantamientos árabes

La primavera que no floreció: A 10 años de los levantamientos árabes

Protestas en El Líbano/ Foto: Agencia Anadolu

El 17 de diciembre de 2010 empezaba uno de los procesos revolucionarios más importantes de lo que va en el siglo XXI: la “Primavera Árabe”. Mediante una serie de revueltas populares se intentó que naciones de Asia y África del norte tuvieran un soplo de libertad. Algunas fueron exitosas como el caso de Túnez, otras como Egipto volvieron a lo mismo, en Siria y Yemén explotaron guerras civiles y crisis humanitarias que persisten hasta la actualidad.

Por Raimundo Irazabal

El tunecino de 27 años, Mohamed Bouazizi, trabajaba en la ciudad de Sidi Bouzid vendiendo frutas y legumbres en una carretera. Hace 10 años, el joven veía como la policía lo golpeaba y confiscaba su mercadería. Esto provocó que el comerciante se quemara a lo bonzo frente a la alcaldía, tras considerar que su vida no tenía sentido.

Esta acción fue el detonante para que millones de tunecinos, especialmente jóvenes, salieran a las calles para protestar por más libertad, democracia y derechos. Túnez llevaba 23 años en una dictadura liderada por Zine El Abidine Ben Ali, que tras la muerte de Bouazizi tuvo que renunciar debido a las multitudinarias manifestaciones que sacudían al país africano. El gobernante escapó a Arabia Saudita y se convirtió en el primer gobernante árabe en abandonar el poder por la presión de la calle.

Los jóvenes de las naciones vecinas comenzaron a protestar en sus respectivos países a favor de un sistema democrático y mejores condiciones de vida. También esos países árabes vivían profundas crisis económica debido a una gran sequía que afectó a la producción agrícola y la recesión del año 2008 que golpeó al precio del petróleo.

La rabia se empezó a acrecentar en El Cairo -una de las ciudades más grandes de esa región-, en Yemén, Siria, Libia, Marruecos, Líbano, Kuwait, entre otras naciones.

Millones de manifestantes se congregaron en las principales plazas de sus ciudades. Las motivaciones variaban según la realidad del país, pero había dos que compartían todos: la dignidad y los derechos humanos.

Luego de Túnez vino Egipto. El país, liderado por Hosni Mubarak durante 30 años, se volvió un espacio de manifestaciones donde la consigna fue “Pan, Libertad y Dignidad”. Las protestas fueron duramente reprimidas por la policía en Plaza Tahir durante 18 días. Mubarak decidió renunciar y el líder militar, Mohamed Hussein Tantaw, tomó el mando. El caudillo llamó a elecciones presidenciales libres en julio de 2011 donde salió electo Mohamed Morsi, perteneciente al partido de los Hermanos Musulmanes.

El Cairo en 2011/ Foto: @Ivorprickett

Morsi duró poco, ya que fue enfrentado por miembros de su mismo partido. En 2013 fue depuesto del cargo por su ministro de Defensa, el general Abdel Fatah Al Sisi. Egipto volvió a un autoritarismo y se reprimió la ilusión de vivir en una democracia tras la “Primavera árabe”.

Libia vivió uno de los casos más emblemáticos. El dictador Muamar Gadafi, quien tomó el control del país en el año 1969 y gobernó con mano dura, al inicio de las manifestaciones amenazó a los rebeldes de perseguirlos “calle por calle, callejón por callejón, casa por casa”.

Protestas contra Gadafi/ Foto: @Instkaminski

El 15 de febrero de 2011 empezó la guerra civil en el país africano entre los rebeldes libios y la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista liderada por Gadafi. El 20 de octubre de ese mismo año la milicia lo encontró escapando por unas alcantarillas y lo golpeó hasta matarlo, Su cadáver lo colgaron y exhibieron en un mercado local.

A pesar de la muerte de Gadafi, Libia no ha podido encontrar la paz desde el homicidio del dictador. La nación ha vivido en una anarquía permanente y actualmente la lideran dos facciones: una reconocida internacionalmente que tiene sede en la capital, Trípoli, y otra que lidera el general Haftar.

Yemén vive un escenario particularmente crítico. Expertos internacionales califican ese país como un estado fallido y Naciones Unidas indicó que la nación padece la crisis sanitaria más grande de la actualidad.

Tras el fracasado traspaso de poder post manifestaciones, cerca de cuatro millones de personas tuvieron que escapar de sus hogares debido a los bombardeos realizados por el movimiento Houtíes y los de los seguidores del general Haidi, que abandonó el país en 2015.

El académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y doctor en Historia de la Universidad Católica de Valparaíso, Fernando Wilson, sostuvo que la “Primavera Árabe” está conectada a lo que se conoce como el “fenómeno de la plaza”, en que las plazas públicas se convierten en punto clave de los levantamientos sociales. Lo que pasó con Wall Streer, Plaza del Sol en España, Plaza Tahir en Egipto y Plaza Baquedano en Chile.  

Plaza Tahir en El Cairo durante las manifestaciones

El seis de marzo unos jóvenes de un colegio en la ciudad de Daraa, al sur de Siria, pintaron en muros: “Su turno doctor”, en alusión al presidente Bashar al Asad, oftalmólogo de profesión. El régimen respondió tomando presos y torturando a los estudiantes. La situación provocó manifestaciones pacíficas en distintos puntos del país.

La acción de los jóvenes y la respuesta del gobierno se convirtió en una guerra civil que sigue sin fecha de término. Con una grave crisis humanitaria y migratoria y ciudades completamente destruidas, los sirios aún no pueden salir de este conflicto. Los principales beligerantes son cuatro: La República Árabe Siria (fuerzas armadas), el Ejército Libre de Siria (oposición apoyada por Turquía), el Estado Islámico de Irak (que se enfrenta a todos) y la Rojava, que busca terminar la pugna de forma democrática.

Ciudad bombardeada en Siria/ Foto: Rebuilding Syria

Los yihadistas del grupo Estado Islámico proclamaron un califato en amplios territorios conquistados en Siria e Irak. Estos sembraron el terror mediante decapitaciones, ejecuciones masivas, violaciones, raptos y “limpieza étnica” que muchas veces fueron transmitidas audiovisualmente.

Para el doctor en Ciencia Política de la Freie Universität de Berlín, Fernando Alvarado, las consecuencias de la “Primavera Árabe” se pueden dividir en dos: Por un lado hay una pérdida del miedo de los jóvenes a enfrentarse a gobierno autoritarios, por otro, las revueltas trajeron muy pocos cambios.

La primavera se convirtió en invierno

Diez años después de que se iniciara el proceso, los países viven crisis humanitarias y migratorias, especialmente Siria y Yemén. Por otra parte, otras naciones volvieron a los mismos regímenes autoritarios como el caso de Egipto. Túnez, uno de los lugares donde comenzó el fenómeno con la “Revolución de los Jazmines”, tiene actualmente una democracia débil.

Seis meses antes de que lo asesinaran, el periodista liberal de Arabia Saudita, Yamal Jashogyi, escribió que esas revoluciones terminaron mostrando que los árabes y la democracia son como el agua y el aceite y no se pueden mezclar.

Para Fernando Alvarado, las palabras del comunicador demuestran que finalmente no se concretaron los sueños y esperanzas que tenía la población en el proceso. Asimismo, afirmó que aún se ven protestas por demandas sociales en la avenida Habib Bourguiba, la arteria principal de Ciudad de Túnez.

El futuro es incierto

A pesar de que los tunecinos ahora tienen el derecho a elegir a sus autoridades, los egipcios derrocaron a Mubarak y los libios terminaron con el dictador Gadafi, persisten las problemáticas. Tanto en los distintos países que fueron parte del proceso, como en otros que se fueron sumando como Argelia y Sudán.

En las semanas previas a que se cumplieran 10 años de la muerte de Bouaziz en Túnez, los habitantes de las ciudades más pobres volvieron a las calles para reclamar mejores condiciones económicas y acusar la desigualdad, el desempleo y la escasez. Una de las exigencias más particulares es la de las familias que piden gas para cocinar.

Otro problema que enfrenta Túnez desde la llegada de la democracia es la corrupción, la percepción de esta aumentó tras el fin de la dictadura. Entre 2010 y 2017 el país africano bajó 20 puestos en la clasificación de la ONG Transparency.

Los egipcios no han salido nuevamente a las calles, según diversos expertos internaciones porque no quieren convertirse en una nueva Siria o Libia. Aún así, los investigadores plantean que quieren un cambio del actual sistema hacia uno democrático.

Para Fernando Wilson, cada país seguirá un curso propio y los factores determinantes serán la civilización local. El académico agregó que Túnez tiene un mayor apoyo occidental y puede enfrentar mejor la situación, Egipto se volvió un régimen autoritario y de los demás países es difícil saber porque viven procesos complicados, de larga duración y que no se sabe nunca cuándo terminarán.

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