El futuro es Vintage: la era de la moda circular

El futuro es Vintage: la era de la moda circular

Foto: @WTVOX

El excesivo consumo de ropa de retail y los constantes cambios de tendencias, convierten al fast fashion en la segunda causa más contaminante del planeta.  Cada año se producen 62 millones de toneladas de ropa, y el 85% de estas prendas terminan en vertederos y basurales donde contaminan más el aire y el suelo. Consumir con responsabilidad es el plot twist a aplicar para revertir este fenómeno.

Por Valentina del Campo, Fernanda Baeza y Martina Ruiz

El mercado de la moda ha cambiado en la última década, como demuestran las estrategias del mercado y una nueva ideología en el contexto de la compra y venta de ropa. Este nuevo modelo de consumo donde se busca comprar más y usar menos se ha visto en muchas tiendas de retail. Se basa en vender colecciones innovadoras a precios más bajos, pero de manera prolífica, para así fomentar el consumismo excesivo. Los productos llegan cada semana para dar una ilusión de obsolescencia percibida: la ropa que ya no se encuentra en la tienda pasó de moda, creando la sensación de ansiedad por conseguir algo nuevo.

José Rivera, especialista en moda sustentable asegura que, “las marcas de retail, como H&M, Zara, Falabella, Forever 21, Bershka, Shein, etc., basan su modelo de ventas en la introducción acelerada de diseños, modernos y atractivos para que aseguren una venta inmediata del producto a un precio que no esté elevado. Provocan que no se vea como una posibilidad tan lejana adquirir una prenda”. Así, ciertas marcas internacionales, como H&M, han basado sus campañas de marketing en profundos estudios de mercado y comportamiento, diseñando publicidad con el fin de conquistar al público e introducir la idea de los grandes guardarropas como un bien necesario y al alcance de todos.

Con este modelo del fast fashion, ya no se insiste en la venta de prendas que hayan pasado una temporada. Se propone ahora rellenar los anaqueles con diseños completamente distintos. De este modo están desapareciendo las temporadas primavera-verano y otoño-invierno, reemplazándolas por nuevas colecciones que están en tendencia y se renuevan cada seis semanas para agotarse o ser parte de los remates.

El acelerado proceso de producción ha empeñado a las industrias en producir ropa de forma desmedida, creando más prendas de las que las personas pueden llegar a comprar. La problemática de este ciclo es que la ropa llegará a la basura aun cuando sea comprada, ya que el proceso no es visibilizado y no hay transparencia por parte de las fábricas involucradas.

El impacto no recae solo en lo estético

Es la cuarta industria más representativa. El impacto de la industria textil es tan alto que produce grandes niveles de contaminación medioambiental. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), provoca el 10% de las emisiones de carbono en el mundo y el 20% de las aguas residuales. Es decir, emisiones más altas que todos los vuelos internacionales y barcos de carga combinados en un año.

En un año se producen 62 millones de toneladas de prendas de ropa en el planeta y se estima que el consumo se ha elevado a un 400% más que hace dos décadas. A nivel mundial, según la revista Forbes, compramos aproximadamente 100 mil millones de prendas nuevas.

En el informe Pulse of the Fashion Industry de Global Fashion Agenda y Boston Consulting Group se estima que, de acuerdo a las tendencias de consumo actuales y las perspectivas de crecimiento, el consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos aumentarán entre 50% y 63% a 2030. Y por la cantidad de consumo innecesario, se estima que el volumen de desechos generados subirá un 63%; esto es 102 mil millones de toneladas de ropa por año, lo que representa una montaña de 500 mil millones de poleras.

Un estudio de la Universidad de Plymouth (Reino Unido) descubrió que la ropa de poliéster y acrílico arroja miles de fibras plásticas tóxicas con cada lavada, enviando otra fuente de contaminación plástica por el desagüe y, finalmente, al océano. Es decir, que al lavar seis kilos de tela se liberan 140 mil fibras de mezcla de poliéster y algodón. Esto posiciona a la industria de la moda como la encargada de producir el 34,8% del microplástico presente en el mar.

Carola Moya, la directora de ADC Circular y Santiago Slow, confirma: “Hay altísimos niveles de contaminación textil en el desierto de Atacama, cerca de la comuna de Alto Hospicio, ya que de las casi 29 mil toneladas de ropa usada que importa la Zofri, un 40% termina en vertederos ilegales en pleno desierto”.

Las empresas de retail importan ropa de otros países, por tanto, deberían regirse por la Ley REP. Además, estas empresas están unidas al compromiso de Chile con Global Reporting Initiative (GRI), que los insta a realizar un Reporte de Sostenibilidad que verifica su desempeño en tres ejes: económico-financiero, social y medioambiental.

Vida detrás del fast fashion

Las condiciones de los trabajadores dentro de esta industria es uno de los puntos de porqué es tan criticado este tipo de producción. De acuerdo con el portal El Espectador, las marcas más grandes y reconocidas a nivel mundial son las más criticadas en este entorno, entre otras, emporios como H&M, Grupo Inditex, Mango, Zara y Adidas. Esto se debe principalmente a que buscan proveedores que les permitan mayor rentabilidad, una producción a bajo costo, es decir, que trabajen en condiciones inaceptables y con salarios denigrantes, para que ellos vendan esos productos por un precio elevado y así les resulte el gran negocio.

Las empresas no asumen ningún riesgo al subcontratar a trabajadores en estos países, mientras que en los talleres textiles se encuentran personas, sobre todo mujeres y niñas trabajando en condiciones similares a la esclavitud: jornadas laborales de 12 horas y por un sueldo muy inferior al mínimo. En países como India y Bangladesh se redondea en unos 78 euros mensuales.

Según el documental The True Cost, que explora los perjuicios del fast fashion, en el mundo hay unos 40 millones de obreros textiles, 85% de los cuales son mujeres, muchas menores de edad, ganando dos dólares al día y bajo condiciones de trabajo inhumanas. La situación del trabajo es deplorable, con habitaciones pequeñas y mal iluminadas; sin ventilación por lo que se respiran partículas que lentamente dañan los pulmones. Las largas horas de trabajo afectan la postura creando lesiones musculares y deterioro a la vista. Por lo general carecen de seguro y los trabajadores desarrollan numerosas enfermedades.

“Una de las principales razones de porque empecé a trabajar con textiles reutilizados, fue para fomentar a otros a hacer lo mismo y disminuir la compra en estas tiendas mayoristas”, dice Francisca Smith, diseñadora de vestuario y ecologista, en entrevista vía Zoom con alumnas de periodismo. Agrega:

-Es increíble que ya estemos en 2020 y los derechos humanos sigan siendo vulnerados de esta forma y creo que una forma de aportar en el cambio es dejar de consumir fast fashion.

En India, la mayor parte de los más de 12 millones de empleados textiles que trabajan en sus hogares son mujeres y niñas de comunidades étnicas que han sido objeto de represión histórica. Estas cobran aproximadamente 11 céntimos de euro por hora, según informa un estudio del Centro Blum para Economías en Desarrollo de la Universidad de Berkeley, en California. Este estudio aborda las condiciones laborales de estas empleadas, encargadas de dar los retoques finales a las prendas -abotonados, bordados o abalorios- que terminan «en las perchas de las principales marcas de moda occidentales», según el director del estudio Prendas Manchadas, Siddaharh Kara. «Absolutamente ninguna de las mujeres empleadas tiene seguro médico, y nadie pertenecía a sindicato alguno, o recordaba haber firmado un acuerdo laboral por escrito», de acuerdo con las conclusiones del estudio.

En 2013, en Dacca, capital de Bangladesh, un edificio de ocho pisos colapsó y el derrumbe causó la muerte de 1.127 personas y más de 2.000 resultaron heridas. El edificio era conocido como el Rana Plaza y contenía una fábrica de ropa. En la investigación del documental Made in Bangladesh de la cadena CBC News, detectaron que ahí se encontraba una fábrica textil que manufacturaba para marcas como Fade and Glory, de Waltmart, otra marca llamada Joe Fresh y Benetton. La investigación encontró que  las condiciones en las que trabajaban las personas eran inaceptables. Los empleados trabajaban siete días a la semana, 12 horas al día y el sueldo mensual era de 38 dólares.  El reportero entrevistó a un dueño de las fábricas que existen allá, y él mismo reconoció que la paga para sus empleados es muy mala, pero que las personas prefieren recibir eso, a cambio de nada.

Fast Fashion en Chile

Según la encuesta Cadem de fines de noviembre, el 84% de los chilenos cree que cuidar el medio ambiente es urgente, sin embargo, la contaminación textil no está entre las prioridades de las demandas hacia las empresas contaminantes. Por esta razón, sería contradictorio luchar en favor del medio ambiente y seguir comprando ropa de forma excesiva. La encuesta también refleja que el 14% de las personas cree que la crisis climática es un problema para el futuro y el 2% no cree que sea un problema serio, lo cual sería aún peor.

La Ley 20.982 de Responsabilidad Extendida del Productor e Importador y del Fomento al Reciclaje (o Ley REP), es un instrumento económico de gestión de residuos que obliga a los fabricantes de ciertos productos a organizar y financiar la gestión de los residuos derivados de sus productos. Se especifica como prioritario el reciclaje de aceites lubricantes, aparatos eléctricos y electrónicos, baterías, pilas, envases y embalajes neumáticos, pero no de materiales textiles. En su artículo N°1 la ley dice tener por objeto disminuir la generación de residuos y fomentar su reutilización, reciclaje y otro tipo de valorización, para proteger la salud de las personas y el medio ambiente. La idea de la ley es “el que contamina paga”.

La transparencia y trazabilidad inspiraron el artículo N° 2 de esta ley, donde se explica que la gestión de residuos por parte del productor o importador debe ser transparente, de manera que la comunidad pueda acceder a la información relevante sobre la materia. Además de explicar y ser claro con las cantidades, la ubicación y la trayectoria de sus residuos a lo largo de toda la cadena de manejo. Dar a conocer cada una de las etapas por las que pasan sus productos.

La solución: consumir menos y mejor

Al ser la ropa un bien que todos consumen por necesidad, todos son parte del problema del modelo del fast fashion, pero a la vez, todos pueden poner fin a la economía lineal y consumir menos y de manera más consciente. El slow fashion es la solución que está revolucionando las tendencias de compra, y consiste en la compra de ropa de segunda mano en las famosas tiendas de ropa usada.

En los últimos años la conciencia sobre los impactos medioambientales y humanos que tiene este sistema se ha globalizado de tal manera, que ahora existe conciencia de consumo a la hora de comprar.

El slow fashion es parte del modelo económico de la economía circular, en que ningún producto es desechado a la basura, sino que se reutiliza, ya sea si el producto se interviene o simplemente adquiere un nuevo dueño. De esta manera, las tiendas que emplean esta modalidad venden productos que ya han sido creados. Funcionan como un sistema de compra y venta de piezas que, o son antiguas y popularmente se les llama ropa vintage, o son lotes de ropa que las grandes tiendas de retail desechan en un nuevo cambio de temporada, pero en perfecto estado. Esta última es una alternativa para los consumidores que prefieren tiendas de retail internacionales como Zara, H&M y Forever 21, ya que además de contribuir con que esa prenda no vaya a la basura, tienden a ser más accesibles en sus precios.

A medida que la tendencia de la ropa vintage ha crecido, por sus precios accesibles, impacto medioambiental y exclusividad, también han surgido diseñadores que han sabido tomar la oportunidad de confeccionar nuevas piezas a partir de esta ropa de segunda mano. Nostalgic, 12ena, My Way, Radélica, son algunos ejemplos de tiendas de ropa que crean nuevas piezas usando solo piezas únicas vintages, con el modelo de fabricación de ropa upcycling. De esta manera las marcas crean modelos únicos y le agregan más valor a las prendas. Así se transforman futuros residuos en ropa original y exclusiva.

Foto: @Radelica

La CEO de esta última, Radelica, Cindy Wen, comenta sobre su tienda: “En Radélica, mi meta es poder transmitir el mensaje sobre la contaminación del medio ambiente de la industria textil al estilo del siglo XXI; siempre me gustó la ecología, la moda y el diseño. Por otro lado, muy pocos saben que la industria textil es una de las que tiene mayor impacto en el planeta (seguida de la industria de los aceites).”

Otra forma de ayudar y mejorar las tendencias de consumo, es elegir comprar en tiendas locales, o pymes. Generalmente las pymes tienden a ser de confección nacional, por lo que los trabajadores son locales al igual que las telas. Así no solo compramos productos que no se generan en masa, lo que disminuye la huella de carbono, sino que se fomenta la economía nacional.

Estudiantes del segundo semestre de la escuela de Comunicaciones y Periodismo UAI escribieron este reportaje.

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