Sale Maradona, entra El Diego; el mito eterno

Sale Maradona, entra El Diego; el mito eterno

Por Sebastián Haddad

Un grupo de niños corre detrás de una pelota de cuero en una cancha de tierra. A uno de ellos, el más pequeño, con una rodilla ensangrentada y la cara sucia después de toda una tarde jugando, no se la pueden quitar. Gambetea a uno, a dos y a tres. Cuando se la quitan la vuelve a pedir y la secuencia se repite. “Es Maradona”, dicen con una mueca de entre envidia y admiración varios de ellos. Es el fútbol más genuino, el del barrio y el potrero. Es el sueño del pibe, porque todos quieren ser un día Maradona, pese a que mito haya solo uno.

No hace falta entrar a describir en detalle los logros deportivos de Diego Maradona porque los conocemos todos, pero hay uno que resalta y marca un antes y un después en su carrera. Formado en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, alcanzó la gloria máxima con la selección argentina en el Mundial de México 1986, donde dio una de las mayores exhibiciones en la historia del fútbol. Allí no solo se confirmó como el mejor del mundo, sino que se metió de llenó en el corazón de los argentinos en particular por sus dos goles a los ingleses en cuartos de final. Uno con la mano y otro recorriendo toda la cancha eludiendo rivales. El más polémico y el más bello, en blanco y negro, sin medias tintas, tal como fue su vida.

Mucha gente no logra entender lo que significa Maradona para los argentinos. Y es que Diego representa la argentinidad en su máxima expresión, con sus virtudes y sus defectos. Es el pibe que vence a la adversidad para sacar a su familia de la pobreza y llega a ser el mejor futbolista del planeta. Por sus características de líder se convirtió en un verdadero caudillo, y con la pasión que transmitía al defender la camiseta argentina, alcanzó el carácter de héroe nacional para un pueblo que lo vanaglorió hasta el último de sus días.

Aunque para muchos sea una especie de Dios, la figura de Maradona se entiende por encima de todo desde lo humano. “El más humano de los dioses”, lo definió en su momento el fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano. Porque el astro argentino supo alcanzar tal dimensión por sus dotes en una cancha de fútbol, pero también por su forma de ser dentro y fuera de ella. Pecador como todos los hombres, la fama que lo rescató de la miseria lo hizo a su vez prisionero de su talento.

Es imposible que a los futboleros no se les haya caído al menos una lágrima al conocer la noticia. Uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos falleció a los 60 años, pero dejó un legado que trasciende el mundo del deporte y que vivirá en el recuerdo de millones de fanáticos en distintos rincones del planeta para siempre. Una multitud de personajes de diversos ámbitos han llorado su muerte y expresado su tristeza, lo que da muestras del alcance de su figura a nivel mundial.

Incluso para quienes no fuimos contemporáneos de su carrera, el astro argentino siempre fue una de las certezas de nuestras vidas porque es lo que tienen los mitos. Maradona fue el fútbol en su estado más puro y en cuerpo se fue, pero El Diego será eterno.

Sebastián Haddad es exalumno de la carrera de Periodismo UAI. Actualmente trabaja como corresponsal en la sección Deportes de La Tercera y como ayudante en la Escuela de Comunicaciones y Periodismo UAI.

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