Los knockouts de la prensa chilena

Los knockouts de la prensa chilena

Es el cuarto poder. El ojo crítico y punzante de los periodistas nacionales se ha encargado en diversas oportunidades de fiscalizar a los más poderosos, develando con astucia irregularidades y tratos secretos, entre otras artimañas. Cumplir la labor de “perro guardián” de la información no es una tarea fácil, pero tampoco imposible y así lo demuestran esta serie de investigaciones periodísticas que han marcado un antes y un después dentro de la sociedad chilena. 

Por Francisca Escalona y Andrea Campillay

Un negocio “Caval”

Fue un 6 de febrero del 2015 cuando un reportaje de la revista “Qué Pasa” destapó el escándalo. Una incursión inmobiliaria realizada por la empresa Caval a través de la compra de terrenos en Machalí. A pesar de no contar con los fondos necesarios y tras una fallida peregrinación en distintos bancos la empresa encontró un aliado: Banco de Chile, que le facilitó el dinero luego de una reunión entre su vicepresidente, Andrónico Luksic, Sebastián Dávalos y su esposa Natalia Compagnon. La tramitación se realizó durante el periodo de campaña presidencial de Michelle Bachelet en 2013, sin embargo no fue hasta la publicación de este reportaje que la ex mandataria “se enteró por la prensa” de la participación de su hijo y nuera en la transacción.

Los predios fueron adquiridos en $6.500 millones, pero meses más tarde el plano regulador del sector cambió elevando su valor, siendo vendidos finalmente por $9.500 millones. Ahí es donde viene el ilícito: ¿por qué Caval sabía anticipadamente de este beneficioso cambio?

El reportaje tuvo efectos demoledores en la confianza del segundo gobierno de Bachelet. Las críticas y presiones de los sectores políticos derivaron en la renuncia de Dávalos de su cargo en la Dirección Sociocultural de la Presidencia; situación que se repitió un año después con la renuncia de Cristián Riquelme, jefe administrativo de La Moneda, tras ser vinculado con el fraude que encendió la luz sobre los favores políticos.

Karadima

El 26 de abril de 2010, Informe Especial destapó las primeras acusaciones de abuso sexual contra el sacerdote Fernando Karadima. Juan Carlos Cruz, Juan Andrés Murillo y James Hamilton denunciaron por primera vez frente una cámara sus experiencias con el párroco. Y si bien, el reportaje muestra al abogado Juan Pablo Bulnes, en defensa del religioso, los testimonios dieron inicio a diferentes denuncias en contra del líder de la Iglesia del Bosque a lo largo de todo el país. La periodista Paulina de Allende Salazar realizó la entrevista que develó los abusos sexuales de la Iglesia Católica en Chile.

En 2009 Allende Salazar había revelado el caso de los Legionarios de Cristo.

Fue ahí cuando Juan Carlos Cruz (en Estados Unidos) decidió tomar el teléfono y denunciar que en Chile existía un caso similar. Aprovechando los días en que Cruz estaría en el país, se reunieron a tomar un café. Acordaron realizar una primera grabación en embargo, que se mantuvo en secreto hasta conseguir mayor cantidad de casos y datos que lo respalden.

“Lo que quisimos hacer fue una investigación que nos permitiera acreditar que lo que decía Juan Carlos era verdad, “la envergadura de la denuncia” porque no era solo su caso, sino que habían muchos otros casos, ver qué tanto se sabía de esto para poder entender el fenómeno de por qué no se había denunciado, entender bien la figura que significaba en la iglesia de la época Fernando Karadima.

Ese capítulo de Informe Especial del año 2010 es el primer registro donde en pantalla salen las denuncias públicas de Juan Carlos Cruz, James Hamilton, José Andrés Murillo y otros denunciantes. La publicación dio inicio a una serie de investigaciones en torno a los abusos dentro de la Iglesia Católica.

Pinocheques

Cuando Abraham Santibáñez, director de La Nación, fue a trabajar aquella mañana no se imaginó lo que ocurriría en un par de horas, la segunda presión militar para cerrar la investigación en contra del hijo del Comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet. La portada del diario anunciaba su reapertura, lo que -según fuentes históricas- decantaron con la manifestación que amenazaba la democracia.

Eran alrededor de las 10 de la mañana del 28 de mayo de 1993 y más de un centenar de soldados uniformados de combate, armas largas y boinas negras rodearon el edificio de Fuerzas Armadas. La acción, dirigida por el Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, ordenó el acuartelamiento inmediato de los militares. ¿La razón? La portada del Diario La Nación: “Reabren caso cheques del hijo de Pinochet”.

“Cómo consiguieron los cheques, nunca lo hablamos, para nosotros lo más importante fue lo que pasó después. Por lo demás, era información pública. Centrado en que el ejército le pagara al hijo de Pinochet por la compra de una fábrica de armas casi $900 millones, es un negocio que hacen directamente con la firma del comandante en jefe, a favor de su hijo. Desde ahí, hubo mucho ruido, que se reaviva el 93’.

Según describe el periodista, el ejército solicitó, a través del secretario del Interior Enrique Krauss, que publicaran un desmentido en primera página respecto de la inexistencia de irregularidades en el proceso. “Lo conversamos y desde el comienzo quedamos de acuerdo en que no podíamos permitir eso. Si el gobierno democrático no intervenía en la pauta del diario, menos íbamos a permitir que una fuerza extraña como el ejército nos fuera a dictar un titular”.

El ejército solicitó que publicaran un desmentido en primera página respecto a la inexistencia de irregularidades en el proceso.

Eso sí, al llegar el horario de cierre se consignó en un titular pequeño con lo que solicitaba el ejército. Al día siguiente el diario no lo llevó de título principal, solo una imágen y un pequeño texto que esbozaba que la Contraloría tenía en vilo los cheques del hijo de Pinochet.

Pero las presiones no eran sólo externas, sino que también al interior del diario. Un grupo de editores amenazó con renunciar. “Les dije que el diario tenía que salir al día siguiente y si es que era necesario, después yo renunciaba con todos ellos. Al final, no pasó eso”, reconoce.

La casa de Pinochet

Era enero de 1984 cuando la revista Cauce exponía en su portada la foto de una elegante casa bajo un titular que en aquel entonces no pasaría desapercibido para nadie: “La casa de Pinochet: increíbles antecedentes sobre la faraónica mansión de Lo Curro de costo incalculable”.

La investigación realizada por Mónica González dio cuenta de los detalles de la construcción de un inmueble ordenado por el general Augusto Pinochet, proyecto para el cual utilizó, en secreto, dineros fiscales. En primera instancia “el palacio de Lo Curro”, como fue denominado posteriormente por la opinión pública, iba a ser una casa de uso exclusivo para los presidentes de Chile, sin embargo, luego de la publicación de este reportaje el Estado decidió mantenerla como un museo.

En aquel entonces los chilenos se enfrentaban a una de las crisis económicas más graves que ha tenido el país y los índices de cesantía estaban disparados. Es en este escenario donde el general Guillard anunció por televisión que la construcción de Lo Curro se encontraba detenida. Mónica escuchó la voz del uniformado e inmediatamente lo reconoció como uno de los bandos del 11 de septiembre, razón por la cual desconfió de estas declaraciones y decidió visitar el terreno. Sus sospechas eran ciertas: la construcción seguía en pie.

Fui dibujando hasta encontrar documentos, documentos de los seguros, había un túnel, un subterráneo contra bombardeos, era un búnker

Mónica González

“Fui armando un mapa con los relatos que me fueron haciendo (…) de las descripciones fui haciendo el dibujo de Lo Curro entonces cuando tenía tres relatos iguales, ya eso era un dibujo. Y fui dibujando hasta encontrar documentos, documentos de los seguros, había un túnel, un subterráneo contra bombardeos, era un búnker”, afirmó durante una entrevista en 2014 al programa Mentiras Verdaderas. Sin embargo, el reporteo no estuvo exento de riesgos y una serie de sensaciones encontradas: “Me costó harto este reportaje, me costó mucho. El miedo que significaba bajarme de la micro, recorrer los alrededores y el miedo que sentía la gente cuando yo la abordaba (…) no fueron bonitas épocas, fue muy duro”.

La revelación obligó a Pinochet a dar explicaciones públicas y desistir de su deseo de habitar la mansión.

La caída del zar de las teleseries: las acusaciones contra Herval Abreu

Fue el 28 de abril del 2018 cuando la revista Sábado llevó en portada “La caída del zar de las teleseries: las acusaciones contra Herval Abreu”. El reportaje presenta las denuncias de la experiencia de siete mujeres con el director de la pantalla chica más importante del país. Castings en su departamento en horarios fuera de trabajo, abuso de poder y acoso sexual, son parte de los testimonios. Los periodistas Andrew Chernin, Rodrigo Munizaga, Rodrigo Fluxá y Paula Escobar guiaron la investigación.

Cuando Rodrigo Munizaga leyó el reportaje sobre Harvey Weinstein en The New York Times consideró que era un hito que uno de los diarios más prestigiosos del mundo hiciera públicas acusaciones condenatorias de delito, sin -hasta ese momento- estar judicializado. Desde la revista “Sábado” del Mercurio comenzaron la búsqueda. El objetivo: encontrar un Harvey Weinstein en Chile. Así, a través del pre reporteo en la industria del entretenimiento comenzaron a surgir varias historias posibles. El denominador común fue Herval Abreu.

La cercanía de Munizaga con el mundo de la televisión le permitió acceder al trasfondo de la desvinculación de Herval Abreu de Canal 13. Un WhatsApp inapropiado de Abreu a Bárbara Zemelman, jefa de guiones de Soltera Otra Vez 3.

“La llamé. Yo no la conocía la verdad, nunca había hablado con ella. Y ella se quedó en silencio, me costó un poco, más que un poco, hasta que me admitió que había algo y me contó lo que decían los mensajes de texto. Pero me dijo que no estaba dispuesta a salir sola, porque sabía que habían muchos casos más y bastante más graves. Propuso que si yo conseguía al menos dos fuentes en on, ella iba a hablar públicamente.

Se puso a llorar. Se puso a temblar. Decía que esto le iba a destruir la carrera, su familia, que esto era mentira y que su gran pecado fue siempre funcionar como un papá

Rodrigo Munizaga

Más de tres meses de investigación y alrededor de 200 entrevistas. Según describe Munizaga, cada dato debía ser comprobado por al menos tres fuentes de respaldo, para que pudiera ser incluído en el documento. “Todas las mujeres que aparecen en el reportaje no quisieron hablar ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera vez. Algunas nos negaron, las volvíamos a llamar, volvimos a insistir y ahí lo reconocieron y quisieron hablar. Nosotros les dijimos que por el carácter de las denuncias era imposible que publicaramos algo en off, que teníamos que publicar con nombre y apellido. Parte de esa investigación tuvo que ver con convencer a las personas”.

Así, el miércoles 26 de abril, día de cierre de la revista, Rodrigo Munizaga y Rodrigo Fluxá fueron hasta el departamento de Abreu. El director no se esperaba lo que venía, por lo que previamente pidió un camarógrafo para las fotos. ”Le empezamos a hacer preguntas, él estaba muy ansioso por saber lo que nosotros teníamos. Cuando le contamos, ahí se desmoronó. Solo ahí comprendió el material que nosotros teníamos. Se puso a llorar. Se puso a temblar, sentía que nosotros lo estábamos enjuiciando. Decía que esto le iba a destruir la carrera, su familia, que él tenía hijos, que tenía pareja, que esto era mentira y que su gran pecado fue siempre funcionar como un papá”.

Luego de la conversación con Abreu, la revista se llenó un poco de calma, el director reconoció gran parte de las acusaciones: los casting en su departamento, las escenas inapropiadas que solicitaba y que, asumió, eran innecesarias.

Milico Gate

Desde el 2000 al 2015 Chile destinó 14.400 millones de dólares a la compra secreta de armas a través de la Ley Reservada del Cobre. El manejo de estos fondos es un completo misterio para cualquier ciudadano promedio, ni siquiera el Congreso puede incidir en su aprobación y mucho menos en los montos a utilizar. Fue precisamente bajo este secreto institucional, que un grupo de militares vio la oportunidad de obtener ganancias personales a través de la emisión de cientos de facturas materialmente falsas, es decir los documentos no contaban ni siquiera con el timbre de certificación de impuestos internos, a través de las cuales se efectuaba el pago de millones de dólares en un plazo de diez días; periodo sospechosamente acotado tomando en cuenta que este tipo de transacciones a nivel del ejército tardan entre tres a cuatro meses.

Esta serie de irregularidades, a pesar de que en un principio no alcanzaban elevadas sumas de dinero, llamaron la atención de Mauricio Weibel en 2014.

Así comenzaron largos meses de investigación y documentación en torno a este caso, hasta que junto al equipo de The Clinic decidieron publicar una pequeña nota sobre lo ocurrido.

La nota motivó a una fuente anónima a tomar contacto con Weibel, se juntaron en un café y luego de esto el equipo comenzó a recibir una gran cantidad de información por distintas vías. “Habían muchos militares, oficiales muy molestos con esta mafia de la corrupción que se enquistó al interior del ejército y esos oficiales honestos nos entregaron mucha información” comentó Weibel en el programa Entrevista Verdadera de La Red.

De esta manera The Clinic publicó siete reportajes entre agosto y noviembre de 2015 en los cuales se revelaban las artimañas utilizadas por los uniformados para quedarse con el dinero destinado supuestamente a la compra de armamento, pero que en realidad era utilizado en casinos, compra de caballos pura sangre, viajes y operaciones durante el mandato del general Humberto Oviedo. Cada una de las entregas profundiza en diversas aristas que surgieron dentro del caso como por ejemplo los métodos utilizados en la operación que incluyó sobornos, firmas falsificadas, tratos directos sin licitaciones, la revelación de un excedente de 4.500 millones de dólares sin gastar, conversaciones entre los implicados y Clovis Montero, principal imputado, el rol de Jorge Burgos, ex ministro de Defensa quien mantenía conocimiento de los hechos desde 2014 y la historia del cabo Juan Carlos Cruz quien gastó miles de millones en máquinas tragamonedas del casino Monticello, entre otros hechos asociados.

Michael Townley: Confesiones de un asesino

La historia detrás de esta entrevista, catalogada por algunos como la más compleja de Informe Especial, comenzó como una investigación en profundidad sobre el asesinato del ex canciller Orlando Letelier, que tuvo lugar en Washington en 1976. El periodista Marcelo Araya había realizado un recuento de todos los personajes de la época que se encontraban vinculados al caso como una forma de esclarecer los hechos dentro de la investigación. En su lista figuraban alrededor de 32 personas a las cuáles debió contactar para ir uniendo las piezas, entre los que se encontraban personajes reconocidos por su participación en la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA): Manuel Contreras y Michael Townley, siendo este último uno de los principales sospechosos del caso.

En sus intentos por concretar la entrevista, el periodista había conversado en varias ocasiones con Mariana Callejas, ex mujer de Townley, quien le comentó que iba a realizar un viaje a Estados Unidos y que a pesar de que no mantenía contacto regular con su ex marido, su hijo José sí lo hacía. Araya encontró en este viaje una posible oportunidad, por lo que le pidió a Callejas si podía hacerle llegar a Townley una copia que había realizado en VHS del reportaje del caso Letelier, para ver si la documentación de los hechos lo motivaba a hablar. Lo más lejos que llegó en ese momento fue hasta dar con el abogado de Michael, quien le explicó que este se encontraba en un programa de protección para testigos, por lo que podía ser muy difícil de ubicar, pero le recomendó escribir de todas maneras y así lo hizo.

Aunque Townley había manifestado su interés por contar su versión de los hechos, este solicitaba una serie de condiciones que debían cumplirse a cabalidad antes de concretar la entrevista. Una de ellas consistió en que el periodista debía viajar a Estados Unidos a fines del año 92’ para discutir los términos de la entrevista, ante lo cual Marcelo emprendió el viaje junto al camarógrafo Juan Carlos Segovia esperando que el ex agente cambiara de opinión y decidiera realizar la entrevista.

Me mostró un video de la BBC donde lo habían entrevistado a contraluz y quería que fuera de la misma manera. Le expliqué que para los chilenos había marcado parte de la historia, así que debía verse su cara

Marcelo Araya

La primera noche Townley informó por teléfono cómo serían las condiciones del primer encuentro, no aceptaría cámaras por lo que Segovia debió quedarse en el hotel; a las pocas horas una persona que se identificó como un coronel en retiro de la fuerza aérea norteamericana fue el encargado de conducir a Araya hasta algún lugar en el norte de Florida donde se encontraba Michael Townley. “Me mostró un video de la BBC donde lo habían entrevistado a contraluz y quería que fuera de la misma manera. Le expliqué que quizás para ellos era un tema aislado, de un país chico, pero para los chilenos había marcado parte de la historia, así que debía verse su cara”.

Finalmente, luego de dos viajes de rigurosa coordinación, en marzo de 1993 se concreta la dilatada entrevista. Araya había preparado alrededor de 450 preguntas para ese momento, tomando en cuenta que debía aprovechar el tiempo para repasar diversas aristas de la vida del criminal. Originalmente el periodista había estructurado el cuestionario pensando en que tendría unos cuatro días para llevar a cabo la conversación, sin embargo por diversos motivos, vinculados en su mayoría a las inseguridades de Townley, debió hacerla en aproximadamente 18 horas. A lo largo de las preguntas, Araya paseó al ex agente de la DINA por toda su carrera criminal, comenzando por su llegada Chile y el proceso que siguió dentro del país hasta incorporarse a las filas derechistas en defensa de la ideología política imperante. Michael Townley contó con lujo de detalles su participación en las diversas misiones que le fueron encomendadas por el servicio de inteligencia de la dictadura militar, el rol que cumplía dentro de las filas del ejército chileno, a pesar de nunca haber recibido ningún tipo de instrucción militar y reconoció su culpabilidad en el asesinato de Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffit.

Este reportaje se escribió en la revista Pluma Libre, que realizan estudiantes del quinto año de periodismo UAI en el Taller de Productos periodísticos. En el siguiente link puedes revisar la revista completa.

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