Opinión: Un arma que nadie puede callar

Opinión: Un arma que nadie puede callar

Por Karen Trajtemberg

64 años han pasado desde que un 11 de julio de 1956 se creó por ley el Colegio de Periodistas, dando origen a la fecha en que hoy celebramos el Día del Periodista. Una ocasión que llega en medio de señales disímiles, que por un lado ponen en jaque a la profesión y por otro, la desafían a diario.

De hecho, esta conmemoración se realiza cuando más de 2 mil trabajadores de medios chilenos han sido despedidos desde el 2018, según muestra un estudio realizado por los académicos Daniel Avendaño y César Solís, cuyos datos evidencian que en este 2020 la situación ha empeorado gravemente producto de la pandemia que azota al país y al mundo entero. Peor aún, el panorama pareciera ser negro hormiga, en momentos en que la crisis económica, producto del coronavirus, se ha agudizado y promete ser una de las más severas de los últimos 30 años.

En medio de aquello, las instituciones —incluidos los medios de comunicación— son castigados por la ciudadanía en las encuestas, aun cuando la radio, la televisión y los diarios siguen siendo mucho más creíbles que la política, la empresa o las iglesias. Pero aun así, somos azotados con el látigo de la incredulidad por parte de muchos y por culpa de unos pocos, que han mal utilizado nuestras herramientas para mostrar solo una parte de la realidad.

A contrario sensu es precisamente en estos momentos aciagos cuando el periodismo —y el buen periodismo, especialmente— se ha hecho más necesario que nunca. Cuando las noticias falsas, la vorágine de las redes sociales, el poco o nulo análisis de los hechos, arrecian como la mala hierba, es cuando la comunicación certera, el dato chequeado, la investigación profunda y la conexión con la ciudadanía cobran más relevancia que nunca. Y son más necesarias que siempre.

Porque, como decía Gabriel García Márquez en aquel inolvidable discurso, “el periodismo es el mejor oficio del mundo”. Se trata de una profesión que solo se siente satisfecha con la verdad, que no descansa hasta descubrir lo más oculto, que en realidad nunca reposa.

Porque mientras la mayor parte de la ciudadanía está en sus casas, guardándose de la pandemia y, por lo mismo, evitando al otro, los reporteros siguen al pie del cañón, buscando la verdad de los hechos y de las cifras, persiguiendo la corrupción, la irregularidad, rebelándose contra la desigualdad y la marginación. Sin más armas que una mascarilla, un micrófono, una grabadora o simplemente una libreta y un lápiz, los comunicadores siguen detrás de una realidad que en ocasiones incomoda, pero que como sociedad debemos conocer para ser realmente libres, realmente democráticos.

“Hasta que te das cuenta de que tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás, es un abanico o es una pistola, y podés utilizarla para producir resultados tangibles y no me refiero a los resultados espectaculares, pero con la máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda”, decía Rodolfo Walsh. Y esa es la realidad detrás de los periodistas, esos hombres y mujeres que hoy, pese a todo, siguen en las calles buscando mostrar la realidad, incomodando al poder y al status quo. Porque son los perros guardianes de una sociedad con miedo y tienen en sus manos no solo una máquina de escribir —o computador, en realidad— sino un arma mucho más potente, que ni siquiera una pandemia puede callar: la necesidad de llegar a la verdad.

Esta columna se escribió para la revista Pluma Libre, que elaboran estudiantes del quinto año de Periodismo UAI en el Taller de Productos Periodísticos. En el siguiente link puedes ver la revista completa.

Karen Trajtemberg es periodista, magíster en Comunicación Estratégica y directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, campus Viña del Mar. Asimismo, trabajó en la sección política del diario La Segunda y revista Qué Pasa y como jefa de prensa del senador Ricardo Lagos Weber.

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