¿Quién contagió al océano?

¿Quién contagió al océano?

Comienzan a observarse los efectos negativos por la abundancia de desechos quirúrgicos en las playas.

Por Constanza Canevaro

Las cifras de contagio por coronavirus aumentan a diario con ellas también el uso de mascarillas. Una de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), luego de resolver la disputa sobre la efectividad en el control de contagio en el uso de pacientes no infectados, declaró primordial el uso universal del barbijo para evitar la propagación de la enfermedad.

A pesar de combatir un daño inmediato para la humanidad, la cantidad de residuos que han ido a parar a diversas playas son alarmantes. La organización Oceans Asia, que se dedica a la conservación de un ecosistema marino libre de plástico y pesca ilegal, lanzó una campaña a través de Vimeo, donde su fundador Gary Stokes explica: “Debido al actual coronavirus, la población general ha tomado la precaución de usar máscaras quirúrgicas. Si de repente tienes una población de siete millones de personas con una o dos máscaras por día, la cantidad de basura generada es impresionante”, dijo al diario catalán La Vanguardia.

El equipo de Oceans Asia compuesto por Stokes, Phelps Bondaroff y Felix Morrow, recopiló decenas de mascarillas por jornada durante tres días. Se acumulan en las islas deshabitadas del archipiélago de Soko, cerca de Hong Kong.

Henry William Floyd trabaja en el proyecto sustentable Eolo.cl, donde procesan material particulado presente en el aire debido a la contaminación atmosférica, para reducir las, aproximadamente, 5.900 muertes prematuras anuales causadas por problemas respiratorios. La causa: la mala calidad del aire .

“Estuvimos a punto de hacer un trabajo para diseñar mascarillas especializadas para la contaminación”, puntualizó el ingeniero Floyd, “es muy difícil lograr que no sean desechables. Los filtros se saturan con material particulado y no se puede hacer nada para limpiarlos porque es muy fino”, agregó. Las mascarillas ideadas para el Coronavirus tienen también estos problemas.

FFP1 (filtro de partículas tipo P1): tienen una eficacia de filtración mínima del 78% y un porcentaje de fuga hacia el interior máximo del 22%. Suelen emplearse frente a partículas de material inerte, y no se recomiendan para uso médico.
FFP2 (filtro de partículas tipo P2): tienen una eficacia de filtración mínima del 92% y un porcentaje de fuga hacia el interior máximo del 8%. Se utilizan frente a aerosoles de baja o moderada toxicidad.
FFP3 (filtro de partículas tipo P3): tienen una eficacia de filtración mínima del 98% y un porcentaje de fuga hacia el interior máximo del 2%. Se utilizan frente a aerosoles de alta toxicidad.

Es obligatorio que las mascarillas para la protección ante el COVID-19 contengan filtrantes FFP2 y FFP3, ya que estos protegerán tanto al usuario frente a la infección, como la transmisión desde el usuario hacia el exterior. El reciclaje de estos equipos de protección individual es complejo.

Joan Marc Simon, director ejecutivo de Zero Waste Europe, una ONG ubicada en Bruselas, advirtió: “Los guantes no se consideran embalaje, por lo tanto no se pueden poner en los contenedores de reciclaje de los hogares. Incluso los guantes de látex natural, no siempre son una opción ecológica”, explicó para el portal El Mostrador.

El daño contra el medio ambiente se debe a los aditivos químicos utilizados en la producción, sumándose a la dañina abundancia de mascarillas en el océano. Las lluvias arrastran estos materiales a los cauces, provocando la muerte y enfermedad a la fauna marina, en un país que, en 2018, ganó el premio internacional de conservación por la creación de la Red de Parques de la Patagonia por su importancia biológica, el resguardo de reservas de agua y biodiversidad única en el mundo.

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