Antofagastino busca ser el primer chileno en llegar al espacio

Antofagastino busca ser el primer chileno en llegar al espacio

Sintió un “click” y desde entonces busca su destino en el espacio, al que viajaría a través de la Agencia Espacial Europea.

Por Ada Albornoz

Un licenciado en Ciencias de la Ingeniería de la Universidad Católica, de 26 años, de pelo castaño, lentes y que luce una sonrisa acogedora, podría ser el primer astronauta de nuestro país. El joven, Sebasthian Ogalde, oriundo de Antofagasta se encuentra hoy en Turín, Italia, para cumplir su sueño: conquistar el espacio.

Ogalde participó recientemente en un entrenamiento en los Alpes Suizos, tras haber quedado seleccionado en el programa de astronautas análogos Asclepios en Lausanne, Suiza. Además de estar trabajando en el proyecto satelital Euclid de la Agencia Espacial Europea, que servirá para estudiar la materia oscura en el espacio y con ellos, comprender aún más el universo.

El joven se abrió con Cooler Uai para revelar sus sueños y deseos. Además de contarnos el increíble recorrido en su corta y exitosa carrera. “Quiero aportar a la humanidad”, dice el chileno.

-¿Cómo ha sido el recorrido desde que saliste de cuarto medio a estar ahora en Italia?

-En general yo diría que desde que entré a la universidad ha cambiado mucho. Siempre tuve esa motivación, pero carecí de las herramientas para desarrollarla libremente. La Universidad Católica me dio una visión un poco más amplia. Entré a Astronomía porque es lo que quería desde los 14 años, pero finalmente después del segundo año me cambié a ingeniería eléctrica. Esta carrera se parecía a lo que estaba acostumbrado a ver en la casa. Mi papá es técnico electrónico, salió del liceo con esa especialidad. Toda su vida ha trabajado en eso y yo aprendí de pequeño de él. 

De ahí empecé a desarrollar mi idea de ser astronauta y me puse a investigar en internet. Supe que tenía que aprender ruso (esa es una de las condiciones) y realicé un intercambio en Rusia. No es que yo sepa perfectamente qué tengo que hacer, pero sé lo que quiero lograr.

-¿Has buscado orientación por parte de alguien?

-La verdad, nunca he tenido orientación. El camino del astronauta no es único. Si buscas las biografías de ellos, no hay un camino, claramente hay que estudiar ciencias, pero no hay una sola vía.

 -¿Cómo llegaste a la Agencia Espacial Europea? ¿Y qué estás haciendo allá?

-Yo me vine a hacer un doble título en un programa que ofrece la universidad para terminar tu carrera en Italia. La verdad es que vine a abrirme a la industria europea, pero nunca supe muy bien a qué me enfrentaba. El camino es bastante “oscuro”. De ahí postulé a una práctica que a mí parecer no era muy entretenida, porque era simular o programar un microchip. Pero en esa entrevista todo cambió. Al final me dijeron en italiano (en ese tiempo no sabía hablar ese idioma) “te vamos a dar un paseo” y los seguí. Juro que casi me pongo a llorar. Me llevaron a un edificio donde entré y ¡Wow lo que ví era impresionante!

Yo no sabía que en ese lugar hacían ese tipo de cosas, entonces quedé paralizado. Yo fui como dicen “a la vida”, porque mi institución me dijo que postulara. Me mostraron una cápsula, que es la que mandan al espacio, donde se acopla a la estación y sacan los alimentos de ella para después ser desintegrada por la atmósfera. Todos los días del año pasado la veía y pensaba: ¡Qué increíble!

“Sentido de la misión”

-Entonces, ¿ahora trabajas para la Agencia Espacial Europea?

-Yo no trabajo en la agencia, porque ellos no son los que construyen, son lo que dicen: “Queremos hacer un satélite ¿quién nos ayuda?”. Así, se comunican con las empresas más grandes que son dos: Airbus, empresa que hace aviones, helicópteros, misiles y satélites y, por otro lado,  Thales Alenia Space, que se dedica a satélites robots y partes de estación. En esa estoy yo. Somos la empresa manufacturera más grande de Europa y una de las más grandes del mundo.

 -¿Cómo ha sido trabajar en esta empresa?

-La emoción no se acaba nunca. Al principio es mucho que aprender y se vuelve tedioso, porque es trabajo de oficina. Yo estaba acostumbrado en que si uno construye algo y no funciona, uno mueve los cables hasta que resulte. Aquí es todo distinto. Se sigue un procedimiento paso a paso, detalladamente se firma, se escribe la fecha, todo. Por ejemplo, una pantalla, esa parte la escribes tú y al momento de ejecutarlo tienes que estar claro de cómo lo vas a hacer porque lo escribiste y eso queda en una documentación que si llega a haber un problema en el satélite en los próximos cinco años que va a estar en la misión, van a revisar la historia para atrás.

A pesar de que al principio fue tedioso por todo el trabajo de oficina, de a poco me fui metiendo. El sistema es complejo, hay tantos detalles y cosas que aprender. A veces uno no conoce la conexión de lo que estás haciendo con el proyecto final. Un día conectas cables y dices ¿y esto qué tiene que ver con la materia oscura?, pero después lo comprendes.

-¿Qué haces específicamente tú en la unidad?

-Mi unidad es una caja que va conectada con el telescopio. Es una unidad súper importante porque te dice dónde estás apuntando, con una precisión muy alta. Yo tengo que ir testeando, viendo los errores y que funcione bien. Ahora que conozco más noto el sentido de la misión, porque empiezas a ver cómo interactúa lo que tú haces durante la misión, y eso es una cosa hermosa.

-¿Qué hace el telescopio que estás construyendo?

-El telescopio Euclid observa galaxias muy lejanas que tienen características importantes. Se ve mucho la influencia de la expansión del universo. Estamos hablando de una expansión acelerada donde puedes ver los efectos. Se cree que se debe a la materia oscura y con estos descubrimientos, tú vas entendiendo y comienzas a armar la historia. ¿Cómo lo hace? el telescopio va a “escanear” el universo sistemáticamente.

 “No hay nada que pueda limitarte”

-¿Sentiste frustración en algún momento en el camino que estás recorriendo? ¿O por venir de provincia sentiste que tenías que esforzarte más?

-No, la verdad es que el hecho de ser de región nunca fue algo para mí, no fuí consciente de esa limitación. Estando en la Universidad Católica me di cuenta de que sí estar en provincia puede ser una limitante, logré ver mucho estando en Santiago. Es por eso que una de mis misiones personales es demostrar que no hay nada que pueda limitarte. Mi familia es de clase media y partimos siendo clase media baja. Estuve a punto de no irme a Santiago porque no había plata para poder mantenerme. Siempre estuvieron esas limitaciones pero nunca fueron un problema para mí, iba a resultar de un modo u otro.

-Fuiste seleccionado para la misión Asclepios, ¿cómo llegaste a ella?

-Yo postulé al programa de astronautas análogos Asclepios gracias a que un amigo de la Agencia Espacial Alemana me lo mandó. De ahí fueron varias fases, la primera era enviar un currículum con una carta motivacional, la segunda era un video de dos minutos de por qué me debían elegir. Ahí empecé a pensar que era más serio porque quede entre los 40 de 200 postulantes para la tercera fase. Esta era una prueba que se basaba en las de la Agencia Espacial Europea para ser astronauta. La hice vía online, era difícil porque no era de conocimiento sino rapidez mental. Una parte del examen te decían 196 más 235, pasaban 4 a 5 segundos y desaparecía la suma y aparecía otra, entonces era difícil concentrarse. Yo pensé que ese era el final de la aventura porque según yo me había ido mal, pero quedé seleccionado. Me fui a Suiza para hacer pruebas y una de ellas era tener una entrevista con un astronauta llamado Claude Nicollier, a quien investigué y noté que teníamos algo en común, porque él en 1999 fue a cambiar al espacio el sensor de guía fina (FGS) en la misión espacial STS-103 del telescopio espacial Hubble. Yo le comenté que estaba haciendo el mismo trabajo que él en la tierra, un detalle (se ríe) con el sensor de guía fina del satélite telescopio Euclid. Al final quedé seleccionado de los seis cabeceras de la misión.

-¿En qué consiste?

-Se hizo una expedición con un explorador francés, donde nos hacían acampar en los Alpes en un sitio rodeado de nieve con temperaturas bajo cero y con solamente las carpas, tratando de sobrevivir. Nos enseñaron cómo armar un iglú, trabajo en equipo, cómo obtener agua. Además de eso, hicimos una experiencia de buceo bajo el hielo. Tuvimos que hacer un agujero y meternos dentro de este. Finalmente, nos daban la experiencia de tener esas condiciones extremas pero eso fue parte del entrenamiento. La misión es una semana y nosotros hicimos tres días de ensayo para ver si funcionaban los sistemas, pero llegó el coronavirus y se postergó.

-¿En esa semana qué hacen?

-Lo que pasa es que uno tiene que entender que lo que se hace en el espacio es investigación y ciencia. Los astronautas hacen mantención de la estación misma, mantención del equipamiento e investigación. Con respecto a esta última, ellos son el experimento, porque toman pruebas de cómo la gravedad los hace perder masa muscular y ósea, la visión se les degrada y la exposición a radiación que tienen. Pero también se hacen experimentos que no se pueden hacer en la Tierra porque se deben hacer sin perturbaciones, por lo que se llevan al espacio. También se realizan experimentos de biología sobre cómo se comportan las plantas allá, hacia donde van las raíces, para dónde crecen.

Nosotros lo que hacemos en esta misión no es tan complejo como allá, pero nos dan una cantidad reducida de recursos. Hay operaciones que se deben realizar a determinado tiempo, se deben aplicar experimentos que son día a día, se debe respetar incluso las horas de sueño. Toda tu vida se ve subordinada a lo que dice la misión control (desde la Tierra). Los encargados de las comunicaciones nos daban conclusiones y sugerencias, eso te hace verlo muy realista a pesar de que estés en una especie de sótano, pero es la misma organización. Ahí me di cuenta que eres tú pero ya no eres tan tú. Con esto me refiero a que te vuelves una herramienta para ellos, una extensión de la humanidad en confines donde muy pocos han podido llegar. Es una misión muy honorable, en ese sentido estoy dispuesto a dejar mis libertades por servir.

“Lo importante es tu pasión”

-¿Cómo catalogas la labor de Chile en el ámbito de tecnología e investigación? ¿Están los recursos o conocimientos del tema?

-Tenemos una diferencia enorme en la cantidad de dinero que se invierte y no solamente en satélites como acá, sino en desarrollo de biología, investigación. Sobre todo ahora con la pandemia: cuál es la preparación que tiene el país para reaccionar a tiempo. Cuando se habla de que los profesores de mi universidad están haciendo su aporte, excelente, pero es el Estado el que debería financiar que se hagan cosas así en los centros de investigación para que la gente no se muera por falta de equipamiento. A Chile le falta ponerse los pantalones y le falta reconocerlo.

¿Cuál es tu plan a futuro?

-No sé aún, tengo que ver qué me ofrece el camino o la misión en que estoy. Pero siempre estoy buscando las oportunidades para poder cumplir mi sueño. Estas oportunidades son justamente para prepararme y tener habilidades al momento de la selección. Una de las cosas que estoy haciendo es sacar mi licencia de piloto que ya llevo diez horas de vuelo, además de que ya saqué mi licencia de buceo en el verano pasado. Son cosas importantes para ser astronauta. Hay varias iniciativas alrededor del mundo, entonces las iré tomando para lograr mi objetivo.

¿Desde cuándo partió el sueño de ser astronauta? ¿Y qué le dirías a quienes sueñan en serlo?

-Yo desde los 14 quería ser astrónomo, ser astronauta lo decidí recién en 2013. Antes jamás había sido una idea. Tomé esta decisión con criterio formado, no fue una cosa de “oh, porque es mágico” que no tiene nada de malo. Sentí un click y de ahí no he parado. Les diría que no se queden con la idea de que en Chile no se hacen cosas. Lo importante es encontrar tu pasión o algo que te guste mucho y todo lo demás viene solo, porque la motivación, fuerza que le dedicas viene desde adentro y no hay nadie finalmente que lo detenga.

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