Sentimientos infectados

Sentimientos infectados

Por Francisca Escalona

Coronavirus. Coronavirus. Coronavirus. 2.760.000.000 de veces buscado en Google. La palabra que resuena a cada segundo de esta nueva normalidad.

Me levanto, me hago un té, prendo el televisor y el eco: coronavirus. Informes diarios de fallecidos, contagiados, recuperados. Los matinales y noticieros nos bombardean con datos, análisis, información, expertos que no lo son, políticos que buscan figurar, cada día tiene un nuevo contenido. Parece que entre más información tenemos, mayor es la incertidumbre sobre coronavirus. 

Ya no salgo de casa para ir a la universidad, me posiciono en algún lugar de la casa para tener clases online, porque coronavirus. 

Si quiero hacer algo tan simple como comprar pan: mascarilla, guantes y una salida exprés, porque coronavirus. Lo mismo si quiero ir al supermercado, ya no solo debo recordar llevar las bolsas reciclables de compras, sino que todo un set de implementos de resguardo y mantener la distancia social. Además, considerar ir antes de las 17:00 porque hay toque de queda. Después de la compra rápida: lavado de manos, asear zapatos, limpiar los productos, porque coronavirus. 

Me dispongo a cocinar, busco un vídeo o una receta por internet, para variar un poco el arroz, las papas y ensalada. Últimamente, me descubro explorando la comida de la abuela: charquicán, cazuela, tomaticán. Parece que la extraño. A veces cocino con un poco de nostalgia. Pero no la puedo ver, porque coronavirus.

Quisiera salir, ver a mis amigos, ir a hacerme las uñas o ir de paseo, pero coronavirus. En cambio, me quedo en casa, a veces carreteamos por Zoom, nos tomamos algo cada una desde casa, nos ponemos al día -como si hubiese mucho que contar- y proponemos juegos. Eso nos divierte un par de horas. Tratamos de suplir el contacto, nos demostramos cariño a través de preocupación, comunicación diaria, una que otra llamada, y ya parece que formamos una relación a distancia con todos nuestros conocidos.

Eso me da esperanza. Entre tanta soledad e incertidumbre, nos tenemos. Y cuando todo termine, volveremos a compartir, nos contaremos anécdotas y solo serán un recuerdo las cosas que hicimos encerrados por coronavirus.

Extraño los abrazos de mis amigos, la compañía, el contacto. El encierro nos demostró que existen cosas esenciales y que el resto solo es adorno. Espero que después del coronavirus todos hayamos cambiado un poco, que miremos en perspectiva y valoremos. Necesito que sea así, que la empatía se vuelva natural.

Hoy quiero hacer algo diferente. Ayer hice tres recetas: galletas de plátano, fritos de zapallo y gyosas de soya. ¿Con qué más puedo experimentar? Podría comenzar a jugar videojuegos, pero soy malísima y el manejo de controles no son mi mejor habilidad. Creo que prefiero quedarme en la cama, ver una película o escuchar música, porque coronavirus.

Me descubro buscando mascotas en adopción, pero me arrepiento cuando caigo en cuenta que eventualmente volveremos a la normalidad y se quedará gran parte del día solo. Y es que no me puede faltar empatía después de lo mucho que me he quejado por la gente que no la tiene, de quienes no piensan que los ventiladores son escasos y que la pandemia no da tregua.

Reflexiono sobre la soledad. Pienso que hay personas que están peor. Hay mujeres que se encuentran con su agresor en cuarentena. Agresividad y violencia se me vienen a la mente. Mujeres que son insultadas y golpeadas. Acciones recurrentes en sus vidas, no solo por coronavirus. 

Mientras disfruto de cocinar, ellas son obligadas. Mientras me tomo algo con mis amigas, ellas son violentadas por un machista adicto al alcohol. Quizás también a las drogas. Pero deben estar con ellos, bajo el mismo techo, porque coronavirus.

Me da miedo pensar en los mil escenarios del virus, de momento quiero seguir en esta burbuja que son mis sábanas y pensar en el pan que haré para tomar once con mi familia. Quizás les proponga cantar una canción, mi mamá tiene como himno “Dance Monkey”. La pone a todo volumen unas tres veces al día. Los vecinos ya se la deben haber aprendido. Yo ya  me la aprendí. Ojalá quien canta haga algún streaming para decirle que lo veamos.

Siento que a cada paso que damos está el coronavirus, que casi no nos deja respirar, está al acecho. Es una pandemia.

Esta crónica se escribió en el Taller de Edición del quinto año de la carrera de Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, en la mención en Edición y Medios de Comunicación.

En el equipo también estuvo Agustín Morel, Javiera Hidalgo, Caterina Matta, Sophia Maraboli, Mateo Navas y Andrea Campillay.

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