Editorial: En defensa de las artes

Editorial: En defensa de las artes

Son tiempos difíciles, no hay ninguna duda de eso. El Estado y las instituciones se ven enfrentadas a una crisis sanitaria que seguramente tendrá repercusiones históricas. “Puede que en dos mil años todavía se recuerde este momento”, comentó hace poco el cronista Roberto Merino en revista Capital.

Son días en que las grandes decisiones buscan solucionar lo urgente que, a menudo, coincide con lo importante. Las medidas sanitarias y económicas  son prioritarias. Y está bien que así sea: hay vidas en riesgo. Cambió el foco presupuestario, hoy la salud es primero.

Sin embargo, resulta absurdo pensar que las artes y la cultura son secundarias y que, en momentos críticos, se convierten en actividades de menor relevancia. La salud de la sociedad requiere que nos olvidemos de cantar, de escribir, de pintar, de abrazar le belleza en medio de la tragedia. Esa capacidad es lo que nos hace humanos.

En primer lugar, si bien la posibilidad de estar encerrado resulta un cierto privilegio, también es un hecho que muchas personas deben quedarse en sus casas, algunas sin compañía o hacinadas en espacios reducidos.

Hemos debido aprender a estar con nosotros mismos y es ahí cuando las expresiones artísticas adquieren un valor esencial. Necesitamos cuidar esa vida interior. Hay silencios y tiempos muertos en que nuestra mente resulta la única compañera. Hace algunos días, Pedro Aznar dio un concierto vía streaming y, en un momento, hubo más de 70 mil personas conectadas. ¡Suficiente para rebalsar el Estadio Nacional!

En segundo término, aunque las artes no entregarán respuestas ni soluciones a todo lo que ocurre, sí son decisivas para ayudar a hacernos preguntas. Y son tiempos para eso, intentar entender hacia dónde avanzamos como sociedad. El mítico poeta Arthur Rimbaud: “¡El canto de los cielos, el avance los pueblos! Esclavos: no maldigamos la vida”. El escritor francés llama a valorar lo sublime, la vida. Y las expresiones artísticas son interpretaciones y testimonios de esta, útiles para tratar de percibirnos y comprendernos.   

Hace algunas semanas el Ejecutivo anunció que se destinará un fondo de 15 millones de pesos para apoyar  a los artistas durante esta crisis. Es una buena noticia, pero insuficiente. Es necesario apuntar hacia cambios futuros: un giro de la mirada estatal, fortalecer iniciativas para masificar el acceso al arte y generar conciencia del valor que tiene, de que es necesario crear tiempos para involucrarse con estas expresiones creativas.

Solo así se podrán enfrentar futuros desafíos de manera integral, entendiendo al ser humano y su relación con el entorno como un campo de acción complejo, lleno de variantes y particularidades. Tal vez las artes no nos salven la vida (o quizá sí), pero al menos nos cuidarán de nosotros mismos.

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