Editorial: El virus de la desigualdad

Editorial: El virus de la desigualdad

Han pasado 44 días desde que el Coronavirus se instaló en nuestro país. Una crisis a nivel internacional, donde resulta inevitable comparar las medidas tomadas por los gobiernos en su afán por frenar la expansión de la enfermedad. Las noticias e imágenes de países de Europa, Asia e incluso América desnudan una realidad que los chilenos conocen hace tiempo: la crisis sanitaria refleja las diferencias políticas, sociales y culturales que se viven a nivel nacional.

El descontento social en torno a la desigualdad ha desencadenado a lo largo de la historia diversos episodios de levantamiento social, situación que se intensificó el pasado octubre con el “estallido social”, cuyas demandas cayeron dentro de una especie de “congelador”, con el aumento de cifras de contagio. Sin embargo, estas amenazan con salir a flote nuevamente como una respuesta a las políticas públicas implementadas para combatir la crisis, que desde la mirada de los alcaldes de las comunas más vulnerables de la región Metropolitana, no se ajustan a la situación de sus habitantes.

Las cuarentenas parciales instauradas por el Ministerio de Salud en los sectores que concentran la mayor cantidad de contagios ha sido una de las medidas más comentadas en la última semana por los jefes comunales, que en algunos casos cuestionan la real efectividad que estas puedan tener; y es que en las poblaciones, villas y campamentos, el hacinamiento y la falta de insumos básicos son parte de la cotidianeidad mucho antes que la crisis comenzara.

Una de ellas es Puente Alto, donde el alcalde Germán Codina (RN) calificó la medida como “inentendible”, considerando que la comuna triplicó la cifra de contagios en una semana al concentrar la mayor cantidad de casos en el sector de Bajos de Mena. Este barrio es conocido por el alto grado de inseguridad social al que están expuestos sus habitantes, lo que ha transformado a la comuna en un símbolo de vulnerabilidad ante la crisis.

Un estudio realizado por el Centro de Producción del Espacio de la Universidad de Las Américas reveló que en Chile existen 1.329.994 hogares constituidos en espacios vulnerables al virus, es decir, viviendas construidas con muros sin aislación y piso de tierra, lo que las hace más propensas a incubar enfermedades respiratorias. Asimismo, la investigación califica a la comuna de Puente Alto como la segunda con más hacinamiento a nivel nacional. Las cifras también revelan que en una casa habitan desde 2,5 personas por pieza y la construcción de inmuebles mantiene un promedio de 44 metros cuadrados; una diferencia abismal con las construcciones realizadas en comunas de mayor ingreso como Lo Barnechea, donde las viviendas poseen en promedio 112 metros cuadrados.

Las diferencias también se encuentran en la cantidad de habitantes de cada comuna, mientras Las Condes tiene 294 mil, Puente Alto supera los 568 mil, conformando una figura desigual de distribución de la población. Esto respaldaría la hipótesis de que la efectividad de las medidas sanitarias no es la misma para todos los territorios de la capital.

La crisis provocada por el Coronavirus pone en el centro de atención la necesidad de reformar el sistema social desde sus bases, con medidas que aseguren protección en un marco regulatorio solidario y sobre todo universal. ¿Cómo cumplir correctamente la cuarentena en una vivienda de 20 metros cuadrados? ¿Cómo una persona sin acceso a agua potable puede mantener una correcta higiene en su cuarentena?

No todos los chilenos se encuentran en condiciones de enfrentar la cuarentena con la misma tranquilidad y comodidades. Mientras unos tienen el beneficio de trabajar desde casa acompañados por sus familias, los de comunas más vulnerables no son capaces de sobrellevar esta situación con la misma tranquilidad. Sus trabajos precarios se encuentran al margen del sistema de protección social y en más de un caso requieren de la presencia física para concretarse correctamente. De esta forma, los más humildes continúan exponiéndose dentro y fuera de casa al no contar con el espacio suficiente para respetar el aislamiento social recomendado y ante la necesidad de mantener el sustento familiar, una situación que ni las cuarentenas preventivas pueden remediar.

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