Columna: Donald tiene miedo

Columna: Donald tiene miedo

Carlos Franco. Autor de Donald. De aprendiz a presidente.

Miedo. Así se titula el libro que el periodista estadounidense Bob Woodward publicó hace poco más de un año para hablar de Donald Trump. Una palabra que en español tiene 5 cinco letras y en inglés apenas cuatro (fear). Aunque breve, ha mostrado su tremenda capacidad expansiva en estos días con el planeta bajo la amenaza del COVID 19. En el país e idioma que sea, todos sabemos lo que es el miedo.

El miedo de Woodward es tener en la Casa Blanca a un presidente arrebatado y soberbio. Tanto así, que quien era su asesor económico, Gary Cohn, más de alguna vez tuvo que esconder documentos para que éste no los firmara. Decretos irracionales contra Corea del Sur que pudieron haber roto la estabilidad en la península asiática. Literalmente el mundo pendiendo de un hilo. En los días buenos, cuando alguien se atrevía a plantearle a Trump el problema que generaba su actitud, éste decía: “Me importa una mierda a quién pongo nervioso”.

Ese es el hombre que anunció esta semana que su gobierno no financiará a la Organización Mundial de la Salud. Esta vez no había nadie cerca de su escritorio para esconder el papel.

No solo cortará las platas, además acusó al organismo de encubrir la expansión del COVID 19. El mismo Donald Trump que hace tres semanas hablaba del virus con desparpajo, minimizando su poder letal, llamando a sus ciudadanos a salir a trabajar tranquilos, sin adoptar medidas serias de distancia social que permitiesen aplanar la curva de contagio.

Como bandido detrás del policía, Trump culpa a la OMS de no alertar sobre el virus con la urgencia requerida, pero la verdad es que mientras el mundo entero se cuidaba, él seguía motivando a su pueblo a hacer vida normal.

El mandatario norteamericano sabe que están bajo amenaza sus posibilidades de reelección. En los mismos condados del interior donde su campaña resultó exitosa en 2016, el sistema de salud sufrirá los embates de la sobredemanda por los contagios. A eso se suma el golpe económico cuyas dimensiones ni siquiera podemos proyectar con claridad hoy. Así, sus dos consignas quedan en entredicho: proteger a la gente y fortalecer la economía.

Desde el análisis político el discurso de Trump de ir contra la OMS es exactamente igual que cuando fue contra la OTAN: cuestionar a los organismos internacionales que combaten las amenazas globales, para decirle a su pueblo que ellos lo han hecho mal y que él priorizará los asuntos de la casa. Pero esta vez, con un enemigo invisible asechando, el problema de su casa es el de un planeta entero. Debilitar a la OMS es debilitarse a sí mismo.

El coronavirus se le fue de las manos y no hay cálculo político ni campaña de Big Data que pueda salvarle el pellejo a última hora. Así, el arrebato del presidente parece tener otra causa, distinta a la soberbia: Trump también siente miedo.

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