Desde el quiebre hasta la supervivencia: ser artista en Chile

Desde el quiebre hasta la supervivencia: ser artista en Chile

Tres representantes de la creación artística reflexionan sobre la inestabilidad laboral en su ámbito y la importancia que este tiene en los espectros políticos y sociales.

Por Alexis Paiva Mack

Tarde o temprano, la vida te obliga a tomar decisiones. Qué es lo quieres para tu futuro y qué es lo que este esconde para ti, un limbo en donde puedes conectarte con la realidad o servir de carne para la industria. Ahí donde no distingues tu cuerpo de la masa que te rodea.

El arte siempre está presente en la vida de las personas, pero estas no siempre están en servicio del arte. Mucho menos las elites políticas y económicas. Ser artista en Chile significa escoger entre lo que amas y lo que el sistema define como objeto de adoración. Vender. Comprar. Producir. Competir. Acciones tan impregnadas en su aspecto implícito, que forman de la genética de quienes lo defienden. Quizás porque son beneficiados o creen que algún día lo serán.

Andrea García-Huidobro, Francisco Papas Fritas y Pablo Schwarz, reflexionan sobre las dificultades de ejercer en el país y las importancia de la labor artística en los espectros políticos y sociales.

Un favor

Francisco Tapia Salinas, más conocido como Papas Fritas, decidió cuando era adolescente. Desde niño, disfrutaba de la pintura y de asumir personajes para alivianar su entorno. Sabía que el arte le permitía liberar sus emociones, pero también que podía provocar a la autoridad y denunciar las injusticias del poder hacia la ciudadanía. Así se sumergió en los pasillos de museos, hasta que más tarde pasó a exponer sus creaciones en ellos.

Obras como una escultura de Elizabeth Díaz —joven asesinada por carabineros en 1973, embarazada de seis meses— disparando a Augusto Pinochet y los presidentes de la transición, expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Quinta Normal, atrajeron cobertura mediática  y un intenso rechazo por parte del conservadurismo.

En Razón de morir mi vida, expuesta en el Centro Cultural Gabriela Mistral en 2019, visibilizó la necesidad de respetar la eutanasia desde una perspectiva humanitaria. Mientras que en Desclasificación popular, aportó en la investigación de los testimonios de presos políticos en dictadura y en la oportunidad de que estos pudieran recuperar sus declaraciones.

Papas Fritas presenta sus obras en diversos lugares, pero es consciente de que la institucionalidad opera bajo la lógica de que “te están haciendo un favor”. En este sentido, acusa que ha asumido —bajo contrato— la responsabilidad en caso de que sus creaciones sufran daños, episodio que recuerda en el Museo de Arte Contemporáneo.

Asimismo, ha recibido a coleccionistas de alto poder adquisitivo que buscan comprar sus cuadros al precio más bajo o en una extensa cantidad de cuotas; una facilidad que solo otorga a personas con problemas económicos y que sienten admiración por su trabajo.

“Dedicarse al arte en es dejar mucho de lado, creo que hay un poco de ascetismo al ser artista en Chile”, reflexiona desde su hogar y taller en San Miguel.

Estampida de elefantes bajo la mesa

Andrea García-Huidobro es actriz y directora teatral, además de docente del Instituto Profesional Arcos y la Universidad Adolfo Ibáñez. Antes de la explosión del COVID-19 —y la posterior cuarentena para frenar el virus— trabajaba en el estreno de El consentimiento, una obra inglesa que presentaría en el Teatro de la Universidad Católica. Pero tanto lo ensayos como su sueldo se congelaron con la pandemia.

Aun así, asegura  que el escenario enfrentaba problemas desde antes del coronavirus y el estallido social. El escaso apoyo de las instituciones dificulta que los artistas puedan cubrir

sus necesidades, por lo que se han enfrentado a una lucha en la que es imposible vivir sin acudir a espacios como la docencia.

“No tenemos las condiciones para trabajar, sin embargo lo seguimos haciendo igual”, comenta al otro lado de la línea telefónica, para después agregar que aunque a veces reciben aportes independientes, después tienen que devolver el dinero.

Si bien, García-Huidobro y algunas compañías de teatro ganaron un Fondart —el único fondo al que pueden acceder—, asegura que el proceso de postulación es burocrático y solo beneficia a una minoría. En este sentido, destaca que en los colegios no se enseña cómo postular a proyectos y que este conocimiento recién se está implementando en el ámbito universitario.

Sidarte y Chile Actores son las únicas organizaciones que se preocupan del bienestar de los trabajadores en las artes escénicas. Mientras que para la élite política, factores como la cultura y la salud mental son tratados como bienes de segunda o tercera necesidad. Muy por debajo del crecimiento económico.

A pesar de que las intervenciones en espacios físicos se vieron interrumpidas por la cuarentena, la actriz considera que el arte volverá a la vía pública de manera más intensa: “Creo que esa es la naturaleza del artista, hacerse cargo de la realidad”.

Tiempos de crisis

Para Pablo Schwarz, el arte siempre se beneficia con los quiebres sociales, aunque este se vea distorsionado en sus canales de difusión. Grupos como el Teatro Ictus o el cine alternativo de directores como el exiliado Raúl Ruiz, son el resultado de una incertidumbre que se mantuvo con los años y que mutó a creaciones que hoy son consideradas de culto.

Es inevitable separar la obra del espacio en que se desarrolla, incluso cuando este prioriza el bienestar de una minoría por sobre los derechos de los ciudadanos. “Lo que logran estas situaciones, es ensalzar la creación artística”, reflexiona el actor, para después recalcar la importancia de frenar el desempleo y asegurar salud de calidad para todas las personas frente a la crisis sanitaria.

Los movimientos sociales del 18 de octubre trajeron consigo una intensa manifestación artística en las calles del país. A través de diversas disciplinas, los malestares de la ciudadanía saltaron a los ojos de las clases políticas y económicas, como reflejo de un sistema de mercado que acentúa el elitismo y la desigualdad.

“Todo quiebre trae consigo una especie de democratización de las artes”, comenta, para después añadir que “lo valioso de todo esto, es que el arte se arranca de la academia y llega al pueblo, que es donde tiene que estar”.

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