En el sillón de Pedro Aznar

En el sillón de Pedro Aznar

El compositor argentino se presentó a través de Facebook Live, en una instancia en donde sus seguidores lo vieron en su expresión más cercana.

Alexis Paiva Mack

Arthur Schopenhauer decía que “en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad”. La cita del filósofo alemán cobra más sentido en la actualidad, la progresiva expansión del coronavirus ha generado que la mayoría de los países decreten un estado de cuarentena, en el que las personas deben mantenerse en sus casas para evitar la propagación del virus.

Es natural sentir la sensación de encierro al observar las calles vacías desde un refugio de cuatro paredes, más cuando se sintoniza una inmensa cobertura mediática que se mantiene estática frente al tema. Pero si algo nos han enseñado las artes —en sus distintas disciplinas—, es que las emociones pueden traducirse en dibujos, canciones, escenas o conjuntos de palabras, hasta el punto en que pueden trasladarse y mezclarse con las visiones de cada uno de sus receptores, para así expandir una infinidad de ideas e influencias. Hasta trasladar al espectador mismo.

En los conciertos, es común que los asistentes —sobre todo los que están pegados a las rejas— se sientan llamados personalmente cuando los artistas agradecen al público o interpretan la parte específica de una canción. Es bastante lógico pensar que una fragmento de quienes están en el escenario pase a vivir —simultáneamente— en el interior de quienes observan desde la cancha, pero también lo es creer que los autores se dirigen hacia un público general dentro de su nicho, una especie de masa deforme que cuesta visibilizar desde la altura, más con una batería de focos brillantes a su alrededor. Pero sí de algo podemos estar seguros, es de que hay artistas con la capacidad de conectarse con sus seguidores de manera sincronizada, a pesar de los intermediarios físicos a los que se puedan ver enfrentados.

Pedro Aznar es uno de ellos. Un tipo sencillo, cercano y que siempre se dirige a su público entre medio de las canciones. Ya sea para contar una historia, plantear una idea o resaltar las virtudes de otros compositores con los que comparte admiración mutua

El miércoles, el argentino se presentó ante una audiencia que llegó a los 70.000 espectadores en Facebook Live, es decir, más de lo que podría ser un desbordado Estadio Nacional. Pero a diferencia de lo que habría sido un espectáculo en el recinto más amplio del país, en esta oportunidad todos estuvieron en la primera fila.

Sentado frente a una cámara en el living de su casa, Aznar llegó sólo. Sin efectos, una amplia cantidad de instrumentos o samples para simular el apoyo de su banda. Incluso, se detuvo en varias ocasiones para ajustar el pedal de su teclado —que se escapaba de sus pies— o para modificar la afinación de su guitarra acústica. Además de felinos que —a ratos— se paseaban por la pieza. Tal vez porque esa era su intención.

A pesar de manejar un repertorio amplio, con interpretaciones virtuosas en el bajo eléctrico en títulos como “Alcira y la torre”, el artista se mostró más cercano que nunca. Como si invitase a una multitud de amigos a tomar el té en su hogar, un espacio en el que tanto los curiosos como sus seguidores más avezados, tuvieron un asiento reservado en su sillón.

“A veces igualamos lo que somos a lo que hacemos”, dice antes de cantar “A cada hombre a cada mujer”. Y en ciertos aspectos sus palabras hacen sentido, pero en el ámbito de la música y las artes, es inevitable separar al compositor cuando su obra es sincera. Una vida de canciones que se vieron representadas a través de nombres como Serú Girán y Spinetta Jade, y que mutó a su primer álbum con Pat Metheny, luego de que el jazzista lo escuchara  en el Monterey Jazz Festival y lo llamara para decirle que le había gustado su música y que tenía interés de trabajar con él.

Ahí compartió con Lyle Mays (1953-2020), uno de los pianistas más valorados de la música contemporánea y quien fue cofundador del Pat Metheny Group en 1977. “Un tipo con una sensibilidad exquisita”, dice Aznar mientras mira su teclado, para después dedicarle “Más allá”.

En una reunión de casi dos horas, Aznar no solo presentó lo más íntimo de su repertorio —en el que también incluyó “Because” y “Let It Be” de The Beatles —, sino que también compartió sus reflexiones sobre la sociedad y manifestó que, a pesar de las pérdidas y dificultades, es necesario interpretar la cuarentena como un retiro espiritual basado en el amor fraterno. Así,  pasó a una versión a capela del título homónimo de Quebrado (2008), para después despedirse con “A callarse” del poeta Poeta Pablo Neruda.

Una vez más, Pedro Aznar trasladó a sus oyentes hacia una habitación transparente, en el que tanto él como sus seguidores se sumergieron en un espacio en donde todos pueden entrar y nadie quiere salir.

Revive la transmisión.

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